En el país
Uruguay logró, en los últimos 16 años, reducir la prevalencia del tabaquismo, de un 33 a un 20 %, aproximadamente. La disminución de la manipulación de la industria tabacalera respecto a los jóvenes ha sido drástica y ha pasado de un 32 %, en 2003, a un 10 %, en la actualidad.
Justamente la experiencia uruguaya con respecto a la política antitabaco demostró efectos positivos, las cifras de mortalidad y morbilidad de Uruguay muestran con evidencias tangibles, que las políticas públicas para el control del tabaquismo reducen la mortalidad prematura por enfermedades cardiovasculares.
Se trata de una política de salud pública que debe continuar porque existen nuevas estrategias de mercadeo de productos, como el tabaco en vapor, pipas de agua con nicotina y otros aditivos altamente tóxicos.
Entre las medidas para desestimular el consumo se encuentran el incremento de precios e impuestos a estos productos.