Pero de la nada, surje en el análisis las diferencias entre Chile y Uruguay, análisis forzado para justificar la imagen de «espejo».
Primero habla de las diferencias donde claramente, sin necesidad de que lo explicaran, el gobierno de Lacalle Pou es por su forma (no por su contenido) y por las circunstancias, distinto al de Piñera.
Por suerte «nos regala » el deleite de ver las coincidencias.
«A pesar de estas diferencias muy importantes, hay una preocupante similitud de los dos escenarios. En efecto, en ambos casos hay una izquierda opositora que no terminó nunca de admitir su derrota electoral, que no acepta la legitimidad del rumbo político definido por fuerzas no izquierdistas, y que está dispuesta a cualquier cosa con tal de perjudicar al gobierno electo por el pueblo. En Chile, esa izquierda se caracterizó por no ser lo suficientemente crítica con respecto a la violencia desatada a partir de octubre de 2019, por ejemplo. Aquí, esa izquierda fue la que demoró la aceptación del resultado del balotaje; la que pidió el cierre de la economía en marzo; la que se manifiesta en las calles como si no hubiera Covid19; y la que hoy está dispuesta a promover un referéndum contra la ley de urgente consideración (que fue votada en un 50% por el Frente Amplio), porque su único objetivo es impedir que el país avance.Chile es un espejo. Hay que aprender de los errores de su oficialismo, que arruinaron una agenda de cambios muy necesaria. Y hay que tomar nota de lo que es capaz de hacer una izquierda antidemocrática con tal de salirse con la suya. Seguramente, con este plebiscito Chile abra un tiempo político nuevo: ojalá sea venturoso para él, a pesar de los enormes nubarrones que siguen acechando en su horizonte.»
Un editorial que sería una brillante pieza de humor irónico, sino estuviera escrito en serio.