Por el contrario, el denunciado ofreció en la audiencia ocho dictámenes contundentes de científicos de extrema competencia desmintiendo de forma tajante la existencia de este fenómeno. Es así que por notas auténticas y originales, se pronunciaron de forma unánime e inequívoca el director del Instituto de Física de la Facultad de Ingeniería, Dr. Nicolás Wschebor, profesor Grado 5 de Física de la Facultad de Ciencias, Dr. Arturo Martí, el virólogo reconocido internacionalmente de Facultad del Ciencias y el Instituto Pasteur, Dr. Gonzalo Moratorio, la inmunóloga y experta en vacunas, profesora del Laboratorio de Investigación en Vacunas del Instituto de Higiene, Dra. María Moreno, la profesora Grado 4 de Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Medicina y presidenta del Sindicato Médico del Uruguay, Dra. Zaida Arteta, el Licenciado Daniel Herrera, miembro del Grupo Uruguayo Interdisciplinario de Análisis de Datos sobre Covid 19 (Guiad) y colaborador del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH), autor de un número importante de reportes técnicos sobre la evolución de la epidemia y de varios trabajos científicos sobre el tema, y la Dra. Verónica Nin, bioquímica y doctoranda en Psicología, miembro del Guiad y especialista en los impactos de la comunicación en el manejo de la pandemia.
En su dictamen, el profesor Wschebor afirma, entre otras cosas, que “no es posible mediante ningún fenómeno conocido transportar en el volumen de líquido que componen una o dos dosis de vacunas una cantidad suficiente de materiales magnéticos como para poder atraer magnéticamente objetos macroscópicos”, pero además agrega que, incluso si se pudiera mediante fenómenos físicos aún no reportados en la ciencia tampoco sería viable hacerlo “porque los mismos quedarían adheridos a la aguja mediante la cual se suministra la vacuna”. Mientras tanto, el profesor titular de Física Arturo Martí añade que si, pese a todo lo que se sabe en la ciencia, en una dosis de vacuna “se lograra disolver algún material ferromagnético, esta podría ser una cantidad muy pequeña, a lo sumo una décima de gramo. Para tener una idea más gráfica, este supuesto imán tendría el tamaño o la masa equivalente a una cabeza de alfiler […] distribuido en la todo el cuerpo con orientaciones aleatorias el efecto magnético sería realmente muy reducido. Donde sí sería notorio el efecto sería en la jeringuilla. Al intentar pasar este supuesto imán por el interior de la jeringuilla habría que hacer una fuerza muy grande, la cual no ha sido observada ni reportada. Por otro lado, al transportar cientos de dosis como ocurre con los vacunatorios, los viales se “pegarían” a la puerta de las heladeras”. La Dra. María Moreno expresa que las vacunas “no contienen en su formulación ninguna sustancia de naturaleza ferromagnética” y detalla la formulación completas de todas las vacunas contra covid-19 que se utilizan en nuestro país. La Dra. Zaida Arteta afirma que, luego de una exhaustiva búsqueda en todas las bases de datos de revistas médicas, “los efectos de magnetización no han sido reportados en la literatura como secundarios a ninguna vacuna”. El Dr. Gonzalo Moratorio, por su parte, insiste en que el fenómeno no existe ni es posible, pero además se mete en el fondo de otro asunto y expresa que “cualquier campaña antivacunas que se base en estos fundamentos que no tienen ningún científico es completamente perjudicial para la sociedad”. En el mismo sentido se manifiesta el Lic. Daniel Herrera, que agrega más argumentos para evidenciar la imposibilidad del fenómeno y recuerda que en el mundo se hacen regularmente estudios imagenológicos por resonancia magnética nuclear a miles de personas por diferentes patologías, y por cierto a miles de personas vacunadas, y ya se habrían reportado “accidentes serios” si el fenómeno de la magnetización humana existiera. La Dra. Verónica Nin se detiene en las consecuencias sociales de que personas públicas difundan información falsa sobre las vacunas y cita rigurosos estudios en los que se prueba que “las figuras políticas tienen la capacidad de aumentar la preocupación de sus seguidores en relación a la seguridad y la pertinencia de las vacunas” porque “ las figuras públicas son particularmente poderosas para transmitir mensajes vinculados a cómo proceder en tiempos de incertidumbre”.
Es tan apabullante el consenso científico y médico sobre el tema que cabe preguntarse qué persigue el diputado Vega con su denuncia. ¿Acaso silenciar a un periodista que rechaza su conducta que, claramente, se opone a la verdad científica y a la única estrategia conocida para terminar definitivamente con esa pandemia? No lo logró y no lo va a lograr. Eso más allá de cualquier resultado del litigio que, dadas la calidad y abundancia de la prueba ofrecida por Leandro, descontamos que le será favorable al periodista de esta casa.