En efecto, anuncia Lacalle (h) que las perspectivas de un acuerdo Mercosur-Unión Europea están lejanas. Aseguró que, de darse, no ocurriría bajo la presidencia pro témpore de Uruguay del bloque. Es más, se expresó pesimista sobre que se diera en su mandato presidencial. ¿No había anunciado en la campaña electoral que sería así? Si mi memoria no me falla, quiere decir que esta afirmación la hizo sin consultar a sus interlocutores.
¿Cuál es la razón por la que se le cayeron las esperanzas y junto a ellas las promesas electorales? Brasil. El manejo del ecosistema de la Amazonia ha merecido la condena universal. De Uruguay, no. La selva tropical suministra humedad a toda Sudamérica, influye en las lluvias de la región, contribuye a la estabilización del clima global y posee la mayor biodiversidad del mundo. “Sin protección de la Amazonia, no hay ninguna esperanza de detener el cambio climático y proteger el ecosistema universal”, aseguró Leonardo Boff, teólogo brasileño.
Pero tanto en la campaña electoral como luego de ejercerla, Lacalle (h) ha dicho que cuando los acuerdos no sean posibles con todo el Mercosur, se aplica la llamada flexibilización. ¿Qué quiere decir? Dejar a Argentina y negociar con Brasil, como se hizo, por ejemplo, con los acuerdos que se discuten con Corea del Sur. Pero resulta que con la Unión Europea, Brasil, de quien Uruguay se ha sentido tan cerca (sobran ejemplos), es el problema. El presidente y sus asesores se han encerrado en un corral de ramas. Este tema aterrizó en Salto, durante la visita presidencial. La patética alianza con el régimen racista de Brasil le traían a Lacalle otros dolores de cabeza, además de la Unión Europea, afectando la coalición.
Un buen ejemplo es la elección de Almagro, cuya candidatura patrocinaron Lacalle (h), Bolsonaro y Trump. Almagro ya está dándoles dolores de cabeza a sus auspiciantes. En un acto de verdadero desacato y abuso de sus competencias, el secretario general de la OEA no homologa la designación (por unanimidad y por segunda vez) del Secretario Ejecutivo de la Comisión Inter Americana de Derechos Humanos. ¿Por qué? Porque es un hombre comprometido con el tema y por lo tanto no le gusta a Bolsonaro. Esa es la única verdad que se quiere disfrazar. Todos los países democráticos de la región se oponen. Una vez más, Uruguay opta por el silencio.
Como si todo esto fuera poco, Uruguay no solamente insiste en la elección de un candidato de EEUU, propuesto por Donald Trump, para la Presidencia del BID, sino que es la piedra en el zapato para un consenso democrático en América Latina. Varios países de la región (aun Argentina, a pesar de tener un candidato propio) propician abrir un compás de espera para conocer, por lo menos, el resultado de las elecciones. Sin embargo, Uruguay se opone.
Ya van varias cartas de expresidentes y de figuras representativas del mundo político de la región (excancilleres, estadistas etc.) criticando la medida. “No se puede ser presidente y país sede del organismo”. Las dos más importantes llevan la firma del Dr. Sanguinetti, socio clave de la coalición multitutti.
Empujones en la campaña electoral departamental, complejo intento de desafuero de Manini. No hubiera creído que fuera la política exterior, por donde empezara a hacer agua, antes del predecible naufragio, el buque de mil colores.