¿Que aún existe discriminación de género? Claro que sí. No es de un día para el otro que se termina con la dominación ni que la estructura vertical se transforma en horizontal. Pero hay un gran camino recorrido y no hay marcha atrás. Sólo queda seguir avanzando en todos los planos.
En el laboral, a nadie en su sano juicio se le ocurriría pedir ganar más por ser de un género u otro, no obstante, sabemos que, si el salario es mayor al laudo, la estadística marca que se le hace una mejor oferta al hombre que a la mujer; en lo político, si no hay cuota tenemos mayores posibilidades de estar destinadas a las suplencias; en lo deportivo, se le da más relevancia a lo masculino; lo mismo sucede en el arte con algunas excepciones como el ballet, lo que bien podría considerarse como una de las tantas supervivencias que, aun cuando se nieguen, subsisten. Y así se podría seguir nombrando. ¿Dónde está el mérito entonces? En que sería un escándalo aceptar que todo debería ser como antes.
Tampoco vale engañarse: en algún momento deberán reverse las estructuras jerárquicas sociales en función de clase, porque si no, todo queda en una suerte de cambio sin cimientos firmes con el peligro que eso conlleva. ¿A qué me refiero? A que las mujeres de las clases socioeconómicas dominantes tienen más derechos que sus pares de las clases socioeconómicas más bajas. Eso implica que en el cuarto y quinto quintil puede haber un patriarcado más debilitado, pero cuyo dominio impacta en los quintiles que están más abajo, creando una suerte de sumisión que se traslada de lo macro a lo micro, temiendo el macho la pérdida de poder y actuando con violencia en el afán de perpetuarlo. Eso se traduce en el aumento de los femicidios y de las mujeres en situación de vulnerabilidad, con mayor preponderancia entre las clases media baja y baja.
Esa asimetría no sólo es resultante del patriarcado, sino de la inexorable división de la sociedad en clases sociales. Obviar esa realidad podría llevar a pensar el problema de manera transversal y no de manera vertical y jerárquica. En la medida que el poder del macho se debilita en el ámbito de la pareja, el patriarcado se potencia y se traslada a los sectores socialmente más bajos con mayor virulencia. En otras palabras, la reivindicación de los derechos y de la libertad de la mujer (que en definitiva de eso se trata) son pura ilusión si partimos de la base de una supuesta “igualdad”, que no existe en la sociedad. Género y clase no son categorías independientes. Conforman una espiral en la cual una categoría no puede ser comprendida sin la otra.
Pero reinventemos el principio: las mujeres unidas cotizamos al alza. Porque aún a sabiendas de que vamos a tener bajas, gritamos: “Ni una menos”, porque somos parte activa de la construcción de nuestro presente, porque estamos escribiendo el futuro que es posible que no leamos, porque nos sobreponemos a nuestras postraciones, porque no negamos las ambiciones, porque decidimos dejar de ser invisibles, o porque, simplemente, llegó el momento de que la sociedad, sus problemas, sus goces y sus penas sean vistos con ojos de mujer. Con esa mirada se pueden descubrir aspectos de la realidad diferentes a los que se pueden percibir desde una visión patriarcal.
Sin soutien, o con él, seguimos andando.