En otro estudio realizado por investigadores británicos y sudafricanos titulado ‘La primera encuesta sistemática de la magnitud de las sensaciones eróticas de distintas partes del cuerpo’, que contó con la participación de más de 800 ciudadanos, se llegó a la conclusión de que las zonas más erógenas para ambos sexos son: los labios, el cuello, los pezones, la cara interna de los muslos, la nuca y las orejas.
No hay distinciones entre sexos. Las respuestas coinciden.
Predecesor
En 1950 el neurocirujano canadiense Wilder Penfield observó que al estimular distintas zonas del cerebro de sus pacientes podía establecer una representación topográfica del cuerpo en la corteza cerebral, una especie de “cuerpo virtual”. En esta representación, más de la mitad de la corteza cerebral corresponde a las manos y la cara, dos zonas muy sensibles al tacto, mientras que zonas como la espalda no tienen una gran representación.
La innovación del neurocirujano canadiense consistió en utilizar impulsos eléctricos en varias áreas del cerebro. Basándose en el testimonio del paciente consciente supo qué zonas estaban afectadas y redujo los riesgos durante la cirugía.
Esta práctica, conocida como Procedimiento Montreal, también permitió compilar mapas de los córtex sensorial y motor del cerebro.