Parece ser que no soy el único con este tipo de dudas. El expresidente Julio María Sanguinetti, en algún momento considerado el “administrador de la coalición multicolor”, ha lanzado una luz a los navegantes cuando dice, en El Correo de los Viernes, recogido por La Diaria el 10 de julio, pasado: “En el Partido Nacional tienen que `asumir´ que el gobierno no es `blanco´ sino, y `como ha dicho el presidente reiteradamente, multicolor”. Remata diciendo: “Los colorados mantendrán espíritu de armonía (…) pero también voz propia”. Sin lugar al más mínimo margen de error, algunas de las dudas que atraen nuestra atención son compartidas desde dentro de la colación, llamada “multicolor”, aunque nos rechine el nombre.
Sanguinetti no es el único que hace un llamado a los despistados. Parece haberlo hecho primero que nada el propio presidente. ¿Quién sabe exactamente por qué se fue Talvi? Todos le vimos junto al presidente decir que sería “su decisión” el momento del alejamiento y que este se debería a un acuerdo sobre dónde podía ejercer más influencia política en el proceso de toma de decisiones. Luego trasciende que prevé su partida para diciembre y luego que Uruguay abandone la presidencia pro témpore del Mercosur.
Partiendo de esa base, que es información pública, ¿no es raro que se precipite el tratamiento de su renuncia, desde la Torre Ejecutiva, para darla a conocer en plena Cumbre del Mercosur. Aún más: la reunión del Mercosur en la que Uruguay se hacía cargo de la Presidencia. Hay más noticias para este boletín: el día que iban a intercambiar por zoom, a distancia, los cancilleres. Por si no fuera suficiente: el día antes de que los presidentes dialogaran entre ellos, todos, menos el de el Uruguay que asumía la presidencia, acompañados a su derecha por sus ministros de Relaciones Exteriores. ¿No es llamativo? Deliberadamente no uso el calificativo raro, sino llamativo.
La salida de Talvi ocurre tras su oposición de embretar más a Venezuela, días después de haber anunciado una “nueva diplomacia,” sobre pilares que ya se anuncia que no se aplicarán. Y dejo para el final la gran interrogante. Como aparentemente Talvi no se va, sino que lo sacan, es ajena su definición de “gravísimo error” votar el candidato del políticamente feneciente Donald Trump para presidir el BID. Recordemos que, insistiendo en la buena salud de la coalición, el Dr. Sanguinetti ya había firmado una carta junto a otros expresidentes criticando la candidatura del imperio.
La respuesta estará cuando Uruguay tenga que levantar la mano: o el candidato de un presidente pronto para dejar de serlo, en EEUU; o por nuestro hermano del Mercosur y de la Patria Grande, con la que soñaron, Wilson y Methol: Gustavo Béliz de Argentina. Si es que la candidatura yanqui sobrevive. Lo único peor que el cipayismo es el cipayismo innecesario.
En lenguaje de estos tiempos, el virus de la confrontación infectó a la coalición desde su nacimiento. Hoy parece haber dejado de ser asintomático.