La organización también advirtió que el fortalecimiento del fenómeno tendrá consecuencias sobre las economías, los ecosistemas y las comunidades de todo el mundo, en un contexto marcado por el calentamiento global provocado por las actividades humanas.
Temperaturas oceánicas sin precedentes
El Niño se caracteriza por el calentamiento anormal de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial central y oriental. Este proceso modifica los vientos, la presión atmosférica y los patrones de lluvia, con consecuencias que pueden sentirse en diferentes partes del mundo.
De acuerdo con la OMM, las temperaturas superficiales del mar en las zonas central y oriental del Pacífico tropical podrían alcanzar valores sin precedentes durante octubre, noviembre y diciembre de 2026. El pronóstico se basa en el consenso de 13 centros meteorológicos nacionales e internacionales. La directora de la organización, la argentina Celeste Saulo, afirmó que el fenómeno «se ha consolidado y se está fortaleciendo rápidamente».
Además, la OMM estima que existe una probabilidad cercana al 100% de que El Niño persista hasta febrero de 2027. Su intensidad podría ubicarlo entre los episodios más fuertes observados desde mediados del siglo pasado.
Saulo explicó que El Niño no genera calor nuevo para el planeta, sino que libera parte de la energía térmica acumulada en el océano. En ese sentido, advirtió que las aguas que alimentan el fenómeno presentan las temperaturas más altas registradas hasta el momento, lo que implica una mayor cantidad de calor disponible para liberarse.
Un aumento excepcional de la temperatura del Pacífico
Los datos sobre la temperatura del océano reflejan el rápido fortalecimiento del fenómeno. El índice que mide las anomalías térmicas de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial centrooriental pasó de 1,6 °C por encima de lo normal en junio a 2,5 °C en agosto.
Para el trimestre comprendido entre octubre y diciembre, las previsiones apuntan a una anomalía de aproximadamente 3,7 °C por encima de los valores habituales. De confirmarse, sería el registro más alto desde que comenzaron las observaciones, por encima del máximo anterior de 2,6 °C, correspondiente al episodio de 2015-2016.
El Niño suele producirse cada dos a siete años y sus episodios duran entre nueve y 12 meses. Se alterna con La Niña, su fase opuesta, caracterizada por un enfriamiento de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial, aunque también existen períodos de condiciones neutrales.
Si bien el fenómeno suele alcanzar su máxima intensidad entre noviembre y febrero, sus efectos sobre las temperaturas globales pueden manifestarse con cierto retraso.
Sequías, inundaciones y más presión sobre el clima global
El fortalecimiento de El Niño podría agravar los impactos climáticos en regiones especialmente vulnerables. En Centroamérica, el episodio ya está provocando consecuencias graves, con sequías que afectan a los cultivos y provocan la muerte de animales. Las alteraciones en las precipitaciones pueden generar escenarios opuestos según la región: mientras algunas zonas enfrentan déficits de lluvias y escasez de agua, otras quedan expuestas a precipitaciones intensas e inundaciones.
El fenómeno también puede intensificar temporalmente el calentamiento global. El último episodio de El Niño contribuyó a que 2023 se ubicara entre los años más calurosos registrados y a que 2024 alcanzara un récord histórico, con una temperatura media global cercana a 1,55 °C por encima del promedio preindustrial de 1850-1900.
La evolución del actual episodio será clave para determinar la magnitud de sus efectos durante los próximos meses. La advertencia de Naciones Unidas vuelve a poner el foco en la interacción entre los fenómenos naturales de variabilidad climática y el calentamiento global, que incrementa los riesgos y las consecuencias de los extremos meteorológicos.