Retomando la ofensiva, la derecha puso a la izquierda en la zona defensiva, posición siempre incómoda porque se contestan los términos planteados por el adversario. La izquierda pasó a tener que defenderse de las acusaciones de corrupción, pasó a tener que retomar la defensa de su modelo económico y de los efectos positivos que ha generado la distribución de la renta.
Pero innegablemente la izquierda perdió su impulso inicial en este siglo, regaló campo al enemigo, lo vio enardecerse y movilizar a sectores significativos de la población en contra de los gobiernos que habían encarnado los intereses populares. La derecha logró crear en sectores medios de la población –pero también en sectores populares– resistencias fuertes en contra de los gobiernos populares y de sus líderes.
En algunos países los partidos de izquierda quedaron aislados de grandes sectores de la población, han perdido contacto con los sentimientos populares y han permitido que la derecha o ganara elecciones o incluso se fortaleciera en algunas capas del pueblo.
Pero la derecha tropieza en su misma incapacidad de construir proyectos que atiendan los intereses de la población. Después de hacer promesas que no pueden atender, cuando llegan a gobernar, ponen en práctica los viejos modelos neoliberales, atentan abiertamente en contra de los derechos conquistados por la población, demuestran que efectivamente gobiernan para una ínfima minoría y que son incapaces de retomar el crecimiento económico y garantizar los derechos de la gran mayoría.
Es hora de que la izquierda latinoamericana retome la iniciativa y la ofensiva. Los gobiernos de Mauricio Macri y Michel Temer revelan los proyectos que la derecha tiene para nuestros países, condenándolos a retrocesos enormes, a la depresión económica y al desempleo. Los pueblos brasileño y argentino demuestran un creciente rechazo a estos gobiernos. El pueblo ecuatoriano ha demostrado que no quiere retroceder a la era neoliberal.
Pero para que la izquierda pueda retomar la iniciativa y protagonice una nueva ola antineoliberal es indispensable que el pensamiento crítico latinoamericano vuelva a desempeñar un rol de articulación entre la reflexión teórica y la práctica política, contribuyendo de nuevo, de forma decisiva, a abrir un nuevo período en el continente, que será continuidad de lo que fue hasta ahora, pero que tiene que descifrar las nuevas condiciones políticas externas e internas y corregir los errores cometidos.
De esta forma la izquierda latinoamericana volverá a retomar la iniciativa y a impulsar una segunda ola de gobiernos posneoliberales en América Latina.