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La amnesia selectiva derechista

Lo que le sucede a la oposición de derecha, que siempre parece olvidar lo que le conviene olvidar para blindarse contra la culpa y el estigma de la corrupción.

Para la neurociencia, la memoria selectiva es la tendencia natural del cerebro a recordar información significativa, emocional o relevante, mientras olvida detalles lacerantes. En ese contexto, funciona como una suerte de filtro cognitivo para proteger la salud mental. Empero, también existe la amnesia selectiva, que es una amnesia disociativa mediante la cual se pierden recuerdos específicos como una suerte de mecanismo de defensa.

Este último fenómeno, que para la ciencia es de naturaleza causal, es lo que le sucede a la oposición de derecha, que siempre parece olvidar lo que le conviene olvidar para blindarse contra la culpa y el estigma de la corrupción. Obviamente, como la memoria de la sociedad es también frágil, el contubernio blanqui colorado se mueve como pez en el agua en el océano de la desmemoria.

Amnensia rara

El último episodio amnésico de la oposición se registró hace apenas una semana, cuando se conoció el tenor de una de las declaraciones conjuntas emitidas por Uruguay y China, durante la visita del presidente Yamandú Orsi al gigante asiático, en cuyo marco la delegación uruguaya rubricó nada menos que treinta acuerdos de cooperación bilateral con la potencia oriental, en materia comercial, industrial, ambiental, de ciencia y tecnología, de pesca, de gestión de emergencias, propiedad intelectual y comunicación. Fue, sin dudas, la más prolífica estadía de un jefe de Estado uruguayo en China, desde que, en 1988, nuestro país estableció relaciones diplomáticas con dicha nación, durante la primera presidencia del colorado Julio María Sanguinetti.

Empero, ninguno de los logros de esta histórica experiencia de intercambio diplomático, económico, comercial, científico y cultural fue valorado por blancos y colorados, que permanecieron en silencio y en actitud de salvaje oposición.

Sin embargo, algunos voceros de esta caterva caótica y desorientada de la desteñida Coalición Republicana, fustigaron ácidamente la declaración conjunta que establece que hay una sola China y reconoce que “el gobierno de la República Popular China es el único gobierno legítimo que representa a toda China y que Taiwán forma parte inalienable del territorio chino”. Es menester consignar que Taiwán es reconocido sólo por doce países del planeta como nación independiente y la propia ONU sólo reconoce a China e ignora a la díscola provincia insular.

La rúbrica fue criticada por el senador nacionalista Sergio Botana, a la cual calificó de una “genuflexión impropia de nuestra historia”, afirmando que “el diferendo entre ambos países es un asunto de terceros”. En términos similares se expresaron los diputados colorados Juan Martín Jorge y Conrado Rodríguez.

En tal sentido, preferimos reflexionar sobre los dichos de Botana, porque los dos diputados pertenecen a un partido furgón, como lo es, sin dudas, el casi bicentenario Partido Colorado.

¿Qué le pasa a Botana?

Botana emplea el vocablo genuflexión, que perfectamente puede aplicarse a su colectividad, que no sólo se metió en asuntos de terceros países cuando fustigó al gobierno del presidente de Venezuela Nicolás Maduro, reconoció al trucho Edmundo González Urrutia como presunto presidente electo y hasta homenajeó a la traidora opositora venezolana María Corina Machado, sino que también tuvo una postura genuflexa ante la agresión militar de los Estados Unidos a la nación caribeña y ante el secuestro de su Jefe de Estado. En efecto, en lugar de rechazar el ataque a la patria bolivariana por parte del imperio, cargó sus tintas contra el secuestrado.

Empero, esta actitud es congruente con la historia reciente de los blancos y del gobierno de Luis Lacalle Pou, que mientras fustigó a Venezuela, Cuba y Nicaragua en todos los foros internacionales, hizo la vista gorda ante la grosera injerencia del imperialismo norteamericano en Oriente Medio, en una actitud cómplice con Washington y con Israel, que perpetró una horrendo genocidio en la Franja de Gaza con un dramático saldo de más de 60.000 víctimas fatales, la mayoría de ellas civiles. Incluso, durante ese gobierno colorinche de espanto, la delegación uruguaya ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, se abstuvo dos veces de votar una tregua humanitaria, lo cual constituye un execrable acto de cobardía y naturalmente de complicidad. Por supuesto, los responsables de estas actitudes rastreras y genuflexas son todos los partidos integrantes del gobierno derechista anterior.

Sin embargo, esa amnesia selectiva resulta aun más insólita, porque olvidaron la declaración conjunta firmada en noviembre de 2023 por el propio Luis Lacalle Pou, cuando era presidente, con su homólogo chino, que tuvo casi el mismo tenor que la de esta oportunidad, Todo parece indicar que lo que sucedió hace menos de dos años se diluyó en la memoria de Botana, quien o es un oportunista como creemos, o bien padece un grave deterioro cognitivo que anticipa una atrofia cerebral propia de las personas de edad muy avanzada. Estos síntomas son propios de la denominada enfermedad de Alzheimer, un grave trastorno neurodegenerativo progresivo caracterizado por la pérdida de memoria y el deterioro cognitivo, que claramente ha identificado a los partidos tradicionales en los últimos cuarenta años.

No en vano, en diciembre de 1986, ambas colectividades aprobaron la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, que perdonó los aberrantes crímenes perpetrados por la dictadura cívico militar que asoló a Uruguay durante doce largos años de pesadilla. Esta actitud de complicidad con los golpistas y asesinos fue congruente con la participación de más de dos centenares de políticos blancos y colorados en cargos de confianza en el gobierno autoritario.

Naturalmente, esta ley inconstitucional, condenada y rechazada por el derecho internacional, no se parece en modo alguno a la amnistía aprobada en marzo de 1985 para los presos políticos de la dictadura, la mayoría de los cuales estaban privados de libertad por meras razones ideológicas. En tanto, la minoría de esos presos de conciencia, que habían sido procesados por acciones armadas, padeció 12 o 13 años de severo confinamiento, en condiciones infrahumanas, incluyendo torturas y apremios físicos. La amnesia derechista les permitió a los militares represores gozar de impunidad durante 20 años, hasta que, desde 2005, el presidente Tabaré Vázquez le desató las manos al Poder Judicial.

Los efectos de una crisis

Por supuesto, otro grave caso de amnistía selectiva fue olvidar, en forma deliberada, los estragos derivados de la crisis del 2002, provocada por el gobierno de coalición encabezado por Jorge Batlle, que dejó un auténtico tendal de desocupación, pobreza e indigencia y generó la quiebra del aparato productivo y del sistema financiero. Este es otro episodio de amnesia selectiva deliberada, contaminado por la manipulación informativa y la mentira, ya que la crisis fue atribuida a un efecto contagio de la debacle de Argentina de 2001, pese a que numerosos indicadores negativos que databan de cuatro años atrás originados durante el también gobierno de coalición de Julio María Sanguinetti, ya avizoraban el desastre.

Incluso, durante el gobierno de Luis Lacalle Pou se registraron algunos casos de amnesia selectiva, cuando el propio presidente olvidó los antecedentes penales de Alejandro Astesiano y lo designó jefe de la custodia presidencial y los ministros de Relaciones Exteriores, Francisco Bustillo, y del Interior, Luis Alberto Heber, olvidaron que el narco Sebastián Marset era un delincuente peligroso y avalaron la entrega de un pasaporte que le permitió escapar. Son, sin dudas, amnésicos contumaces o bien aviesos mentirosos conscientes.

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