La digitalización permite, en primer lugar, “multiplicar el número de beneficiarios”, indicó. A través de una plataforma similar a los sistemas internacionales de reserva de alojamiento, los usuarios podrán acceder a distintas opciones de estadía, gastronomía y experiencias en todo el país. Este cambio no solo agiliza los procesos, sino que también garantiza transparencia y equidad, evitando cualquier sesgo en la selección de ofertas.
Asignación de presupuesto
El nuevo modelo incorpora además un componente institucional clave: por primera vez, el turismo social cuenta con una asignación presupuestal específica, de 30 millones de pesos anuales. “Este respaldo financiero consolida la política como una herramienta permanente del Estado y no como una iniciativa circunstancial”, subrayó el ministro.
Destacó como uno de los aspectos más relevantes del sistema a la implementación de subsidios escalonados según el nivel de ingresos: “Quienes perciban menos de tres Bases de Prestaciones y Contribuciones (BPC) accederán a un subsidio total, mientras que los tramos siguientes recibirán apoyos parciales del 40% y 20%. Este esquema permite focalizar los recursos en quienes más lo necesitan, sin excluir a otros sectores que también enfrentan dificultades para acceder al turismo”.
El funcionamiento es sencillo pero innovador: “cada beneficiario, una vez validada su identidad digital y sus ingresos a través de bases de datos del Estado, contará con una especie de “cuenta corriente” donde se acreditará el monto correspondiente. A partir de allí, podrá elegir libremente entre las opciones disponibles y concretar la reserva mediante distintos medios de pago”.
Sector privado
La organización del sistema también involucra activamente al sector privado, añadió. “Las agencias y operadores turísticos, registrados y vinculados a la Cámara de Turismo, son quienes cargan las ofertas en la plataforma. Esto no solo asegura estándares de calidad, sino que también genera una oportunidad de negocio para el sector, especialmente en períodos de baja demanda”, sostuvo.
En ese sentido, “el turismo social cumple una doble función: por un lado, garantiza derechos y promueve la inclusión; por otro, contribuye a la desestacionalización de la actividad turística, reduciendo la brecha entre temporadas altas y bajas. De esta forma, se fortalece un sector que emplea a más de 100.000 personas y representa una de las principales fuentes de ingreso de divisas del país”.
Más allá de los números, el impacto del turismo social se mide también en experiencias. “Desde personas mayores que conocen el mar por primera vez hasta familias del interior que recorren otras regiones del país, la política busca integrar territorios y generar nuevas oportunidades de encuentro”, explicó.
Con una implementación inicial piloto y una expansión progresiva, el sistema apunta a consolidarse como una herramienta estructural. La apuesta es clara: hacer del turismo un derecho efectivo, organizado con criterios modernos, y al alcance de todos los uruguayos.