Respecto a ese punto, Cendoya citó una entrevista realizada el 1º de junio por el diario El Observador a su sucesora en la Ursec, Mercedes Aramendía, que fustigó a la administración anterior diciendo que se había encontrado con una «caja de Pandora» al asumir, con expedientes cajoneados y resoluciones arbitrarias. A las 10 de la mañana de ese día, un ex asesor de Cendoya ingresó a la Secretaría General y procedió al triturado de papeles.
En las primeras horas de la tarde, alertada Aramendía de la destrucción de los papeles, se comunicó con el ex asesor y mantuvo -según Cendoya- reuniones por el episodio, pero en ningún momento se refirió a ellas en su presencia.
El miércoles 3, Aramendía presentó una denuncia penal ante la Fiscalía General de la Nación, pese a que, según Cendoya, la comisión directiva ni siquiera había tratado el tema. Incluso ya se habían retirado las filmaciones y la bolsa de la máquina trituradora, que constituían la prueba de lo denunciado, sin recurrir a las formalidades del procedimiento, lo que a juicio de Cendoya demostraba que a Aramendía no le interesaba el esclarecimiento de los hechos sino la exposición pública del tema.
A partir de allí, la trama se vuelve más intrincada y Cendoya, que había estado ausente dos días por cuestiones relativas al protocolo de Covid-19, se reúne con Oscar Mecol, ex secretario general de la Ursec y con el implicado en la destrucción de documentos. Ambos le habían pedido para reunirse anteriormente, lo que Cendoya desestimó.
A partir de allí, comienza la reconstrucción de esas reuniones. Si fue en el auto de Cendoya, si fue cerca del club Atenas o a la vuelta, si fue con los dos a la vez o fueron reuniones consecutivas. Luego, trascienden audios intercambiados en el celular de Cendoya (que aparentemente no lo incriminan) y persiste la campaña mediática que lo pone cotidianamente en las marquesinas.
La inusual saña con que se trató a Cendoya, que incluyó una entrevista (por llamarla así) en el programa Séptimo Día, en la que se transgredieron todos los códigos, hace pensar que Nicolás Cendoya es una pieza importante en el nuevo organograma del gobierno para la integración del Directorio de Antel, para el que está propuesto por el FA. Y bien se sabe que alrededor de Antel y los medios audiovisuales se mueve mucho dinero. Demasiado, para tener como obstáculo a una persona con fama de buen administrador, inflexible en la aplicación de sanciones a los monopolios que infringieron la Ley de Medios y que hizo ganar al Estado (eterno perdedor en estas lides) cientos de millones de dólares en un juicio entablado por una corporación multinacional.
En última instancia, deberá ser la Justicia la que tenga la última palabra y a ella habrá que remitirse, pero a esta altura parece obvio que el sistema tiene demasiadas cuentas para cobrarle a Nicolás Cendoya como para permitir que su obstinada presencia impida que Antel sea desmantelada en sus cometidos básicos.