La Organización Mundial de la Salud mantiene a la rifampicina entre los componentes centrales de los tratamientos para tuberculosis sensible. Sus guías consolidadas, actualizadas en setiembre, subrayan que la atención debe asegurar combinaciones apropiadas y continuidad. La resistencia a rifampicina define, además, una de las formas de tuberculosis de tratamiento más complejo.
El medicamento también tiene indicaciones registradas en Uruguay para otras infecciones micobacterianas, brucelosis, profilaxis de contactos cercanos de meningitis meningocócica y determinadas infecciones no micobacterianas. La recomendación ministerial es limitar su utilización a indicaciones autorizadas y priorizar los escenarios donde no exista una alternativa de eficacia o seguridad comparable.
Conservar el stock del medicamento
La escasez exige coordinación central. Si cada institución conserva stock sin informar necesidades y consumos, pueden coexistir faltantes críticos en un prestador y unidades sin utilizar en otro. El MSP debería monitorear las existencias, proyectar la demanda hasta fin de mes y establecer un mecanismo rápido de redistribución. También resulta importante asegurar formulaciones y dosis adecuadas para población pediátrica.
Los pacientes no deben modificar ni suspender el tratamiento por su cuenta. La comunicación pública debe ser suficientemente clara para evitar dos riesgos opuestos: minimizar una falta que puede tener consecuencias graves o generar compras preventivas que agraven el desabastecimiento. La rifampicina se dispensa bajo receta, pero la ansiedad puede producir consultas y presiones innecesarias sobre farmacias e instituciones.
La tuberculosis requiere especial atención porque el éxito depende de la adherencia y de la continuidad de todos los componentes indicados. Cuando una dosis no está disponible, la respuesta no puede consistir en improvisar una sustitución. Los equipos tratantes y los programas especializados deben evaluar cada caso según las guías clínicas y el historial del paciente.