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Karen Maydana Galván: "Yo fui abusada por el cura de mi colegio"

Karen Galván hizo hincapié en que, a la dificultad para denunciar estos casos se suma el acceso a servicios de salud mental para las víctimas.

Karen Galván relató para Feminacida que el abuso ocurrió en el Instituto San José Obrero, en Caseros, Tres de Febrero. El agresor era el sacerdote que ejercía como representante legal de la escuela. En 2009, cuando Karen tenía 14 años, se enteró del caso de Mailín, una de las primeras denunciantes, que realizó una denuncia canónica ante la Iglesia.

Búsqueda de justicia y encubrimiento eclesiástico

Sin embargo, en lugar de apartar al cura, la Iglesia comenzó a encubrirlo, lo trasladó a otros lugares y él siguió siendo sacerdote y abusando de niñas. Karen señala que en ese momento no tenía las herramientas para hablar. Recién en 2017, a los 22 años, pudo contárselo a su madre y hacer la denuncia penal. "Con todo lo que eso implica, porque no es nada fácil", remarca.

Detención, prisión preventiva y un juicio humillante

Gracias a su denuncia, el cura fue detenido y permaneció en prisión preventiva durante cuatro años, hasta 2021, cuando se realizó el juicio. En ese proceso participaron cuatro sobrevivientes, pero la justicia declaró que los hechos habían prescripto para todas excepto una, que pudo ir a juicio. El resto, incluida Karen, participó como testigo.

El juicio duró un mes. Karen no puede olvidar el nivel de humillación que vivió: la poca capacitación de los funcionarios públicos, la ausencia de perspectiva de género y la falta total de empatía. Todo ocurrió en los tribunales de San Martín, y el 9 de marzo de 2021 los jueces resolvieron que también ese caso había prescripto.

Lo absolvieron por prescripción, no por inocencia.

Silencio sobre la salud mental de las víctimas

Uno de los puntos más dolorosos que Karen subraya es algo de lo que, según dice, "tampoco se habla": la salud mental de las sobrevivientes y el poco acceso que tienen a tratamiento.

Ella misma cuenta que "se volvió loca" buscando un espacio terapéutico. Finalmente encontró contención en la agrupación Mundanas y luego en el hospital Bonaparte. "Siempre digo que ellos me salvaron la vida", afirma. Pero advierte que acceder a ese apoyo ya fue muy difícil, incluso teniendo una madre que le creía y la acompañaba.

"Imaginate una piba que nadie le cree. ¿Cómo hace ella para acceder a una psicóloga? ¿Y cómo hace para acceder a la justicia?"

Una lucha que piensa en las demás

Karen concluye que toda su lucha viene de pensar en las demás. Sabe que su caso, con acompañamiento familiar y acceso parcial a justicia y salud, ya fue un calvario. Por eso se pregunta qué pasa con aquellas que no tienen a nadie que les crea. Su testimonio, difundido por Feminacida, es un llamado a fortalecer las herramientas para denunciar sin que la vida se pierda en el proceso, tal como reclamaba aquel post.

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