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Marcelo Abdala: "No miramos la inmediatez sino la perspectiva histórica"

Abdala habló sobre la campaña del Sí, los escenarios posibles con un nuevo gobierno y aseguró que nos encaminamos hacia cinco años «de importante protagonismo del movimiento obrero».

El presidente del Pit-Cnt Marcelo Abdala es un hombre metódico y memorioso. Es metódico –por ejemplo– para organizar sus ideas y convicciones de tirar abajo el capitalismo. Y es bastante memorioso como para no dejarse amedrentar cuando los vaivenes de la coyuntura política se despachan con virulencia descalificadora y, en ocasiones, cierta ligereza –por no hablar de imprudencia intelectual– sobre los años que los cuerpos resisten en un mercado laboral cada día más inhóspito para las grandes mayorías.

A pesar de todo, o, en realidad, más que nunca, Abdala reivindica la necesidad de avanzar con las luces largas. «La historia está a nuestro favor y vamos hacia una sociedad sin explotados ni explotadores», suele decir.

En su oficina conviven, en tiempo y espacio, un puñado de libros –Carlos Marx, Adam Smith, Seymour Melman y Rodolfo Saldain, entre otros–, unas cuantas carpetas y algunas fotos que cuentan historias colectivas. Hay papeles, miles de papeles, todos seguramente importantes, todos llenos de cifras, datos, gráficas, estadísticas, también algunos documentos de discusión colectiva y mucho de aroma a familia en detalles amorosos –fotos, textos, objetos– especialmente cuidados y ubicados en el escritorio de la Presidencia. Junto al ventanal que ilumina la oficina de trabajo, hay una imagen enmarcada de Pepe D’Elía con una frase suya que sugiere memoria: «El sindicalista es como un maestro ebanista, su tarea es fina y delicada y requiere aplicación, tenacidad y paciencia». Paciencia para «tirar abajo el capitalismo», la tiene. Mientras tanto, Abdala ya imagina los escenarios futuros del trabajo y cómo se procesarán los cambios y transformaciones de la seguridad social en Uruguay en clave de derechos, dejando atrás el modelo del lucro de las AFAP. «Basta de ilusiones reformistas», dice un cartelito que él mismo escribió y colgó en una cartelera de corcho de su oficina, como para entrar en territorio.

¿Qué balance hace de la campaña del Sí con la papeleta blanca ?

-El balance es muy positivo, por la respuesta democrática que se dio por parte del movimiento sindical y los movimientos sociales frente a un recorte tan radical de derechos como el que implica la Ley 20.130. El proceso comenzó con la evaluación de las medidas cautelares que planteábamos. Luego, se realizó un esfuerzo enorme para conseguir las firmas, ya que la democracia directa exige al menos el 10 % del padrón electoral, y ese objetivo se superó con creces. Desde el principio, pero especialmente después de lograr las firmas, el enfoque se centró en reflexionar junto a la gente, pensar con la gente, y establecer ideas clave para restablecer la verdad pura. De este modo, se fortalece tanto la democracia como el movimiento obrero y popular. Por tanto, el balance es extremadamente positivo en cuanto a las acciones desplegadas que consistieron principalmente en reuniones, asambleas en los lugares de trabajo, visitas a los barrios, diálogos con los vecinos, charlas especiales e incluso debates con los detractores. Además, podemos afirmar que fue uno de los temas que se instaló con mayor profundidad programática, como un “convidado de piedra” en la campaña electoral, y que surgió por iniciativa del movimiento social. Para mí, eso siempre es positivo.

Existe cierto consenso entre analistas políticos de que la discusión y el debate en torno a la papeleta por el “Sí” a la reforma de la seguridad social y lo que propone el movimiento sindical fueron los temas centrales de la campaña electoral y que esos temas se discutieron y analizaron con mayor profundidad. ¿Ese es un dato relevante para el movimiento sindical?

-Sí, porque tiene que ver con dos temporalidades diferentes. La primera corresponde a la acción lógica del movimiento sindical, actuando desde su autonomía de decisión frente a un proceso que vulnera derechos. A través de la papeleta, se restituye el derecho a jubilarse a los 60 años, se recuperan los alcances de la ley de 2008, se establece un proceso para resarcir a las personas por la reducción de la jubilación mínima observada en la actual administración, y se pone en evidencia que nos prometieron que las AFAP generarían condiciones para una doble jubilación con una tasa de reemplazo del 100 %. Sin embargo, 9 de cada 10 personas que reciben renta vitalicia de las AFAP cobran, en promedio, menos de 5.053 pesos. Esta primera temporalidad tiene que ver con los derechos frente al lucro, con los derechos en una sociedad que transpira desigualdad por todos sus poros, frente a los privilegios de unos pocos. En la temporalidad inmediata, es un tema absolutamente insoslayable. Mientras que en la temporalidad larga la contribución del movimiento sindical desde el punto de vista de la acumulación de fuerzas para los sectores populares es muy importante, tanto en lo que respecta a actuar con independencia de clase como en resolver de manera autónoma sus diferencias. Recordemos que ésta es una sociedad que funciona diariamente bajo el consenso de que ‘no hay otra alternativa’. Esa es una frase que popularizó en su momento Margaret Thatcher: “No existe otra alternativa”. Pero nosotros estamos convencidos de que sí la hay.

¿Pensar que “no existía otra alternativa” fue lo que se logró quebrar?

-Creo que sí. Los temas tabú de esta sociedad fueron transgredidos por una propuesta que rompe la lógica de mercantilización de los derechos y plantea una sociedad en la que la igualdad en la práctica necesariamente es importante; en la que no veamos como una utopía trabajar para vivir, en vez de vivir para trabajar. Esto está conectado con una futura reforma laboral positiva que sustituya los empleos precarios de las aplicaciones y los puestos de trabajo miserables, donde la gente gana menos de 25 mil pesos al mes. Además, implica un esquema más imaginativo desde un punto de vista tributario, donde quienes tienen más paguen más. Es un vector que está subyacente en la sociedad uruguaya, pero que tiene que encontrar la forma de emerger, de expresarse. Y bueno, esto ayudó en ese sentido.

¿Cuál es el mensaje que le gustaría transmitir a la militancia sindical en este cierre de campaña?

-Sin lugar a dudas, un agradecimiento enorme a la militancia que forja la historia ahora y siempre. Además, un abrazo muy grande a la población y pedirles que no se dejen encandilar por la campaña del miedo, sino que voten por sus derechos.

¿Se pudo derrotar la campaña del miedo?

-En cierta medida sí, porque de no haber sido así, un ataque tan furibundo del poder económico concentrado, político y mediático se habría reflejado de otra manera y no en el estado de ánimo positivo que existe hoy.

Más allá del resultado del domingo, parece claro que una porción importante de la población aspira a una seguridad social con otras condiciones y en clave de derechos. ¿Coincide?

-Sí, sin duda, y con una amplia representatividad. Desde el comienzo, con la firma de 430.000 personas, más que la votación de muchos partidos políticos. Ahora sólo queda ver el resultado. Estamos luchando corazón a corazón, cabeza a cabeza. Pero desde el punto de vista de la iniciativa histórica, porque es en esa escala donde hay que situar este movimiento, no en la inmediatez, sino en una perspectiva histórica. Se puede asegurar que el movimiento sindical ya ha ganado con esta iniciativa. Si contabilizamos los cientos de miles de diálogos que se han producido, tanto para recolectar firmas como para que la gente vote por la papeleta blanca del “Sí”, eso le otorga al movimiento sindical un acervo y una riqueza impresionantes. Sirve para hoy, pero también para el futuro.

Además de intercambios barriales, el movimiento sindical participó de numerosas instancias de debate en ámbitos académicos universitarios. ¿Quedó conforme?

-No solamente muy conforme sino que además creo que es una conquista. Y creo que nunca se había hablado tanto de la seguridad social en la sociedad como en esta situación. Obviamente, los debates son fundamentales, pero a nivel de la gente nunca se había discutido tanto sobre la seguridad social como en esta ocasión, y eso se debe a la decisión que tomó el movimiento obrero.

Al inicio, el movimiento sindical también tuvo que llevar a cabo su propio proceso. ¿Cómo queda ahora? ¿Cómo sale de este proceso?

-Con los resultados claros, no solo del plebiscito, sino también de algunas proyecciones basadas en la realidad que arrojen las elecciones, podemos plantearnos: ¿Qué políticas públicas serán prioritarias en los próximos cinco años? ¿Cómo puede un movimiento obrero, cada vez más propositivo, afinar su estrategia? Se está planteando un tipo de desarrollo diferente, donde efectivamente el ser humano sea el centro. Creo que la labor central del movimiento obrero, ya preparando el terreno para el período inmediatamente posterior a éste, es el Congreso del Pit-Cnt, que está programado para mediados de mayo. Además, este congreso coincidirá con la primera gran negociación colectiva de la próxima administración, en un contexto marcado por un factor que pauta los próximos cinco años: el presupuesto nacional. En este marco, el movimiento obrero ha venido desarrollando algunas reflexiones estratégicas sobre cómo luchar en el presente para mejorar la vida y al mismo tiempo generar la correlación de fuerzas necesaria para transformar el modelo de acumulación. Porque, por ejemplo, esta matriz productiva no es suficiente para que una población tan pequeña como la nuestra acceda a trabajos de calidad. Si pasamos de 450.000 a 550.000 trabajadores que ganan menos de 25.000 pesos mensuales, esto nos muestra que esta matriz productiva no logra sostener ni siquiera a nuestra propia población. Por lo tanto, todo lo relacionado con el régimen de producción, distribución y consumo, con los tipos de procesos necesarios para el cambio, debe ser abordado desde una democracia que nazca desde abajo, desde el pie, desde la independencia y de manera transversal. Al fin y al cabo, la papeleta blanca del “Sí” fue un elemento transversal: cuando hablamos con la población no discriminamos por su intención de voto en las elecciones. Esto nos da múltiples pistas sobre el marco de una unidad histórica sin exclusiones, y también indica que las luchas ideológicas deberán procesarse en los grandes ámbitos del movimiento sindical. Nos encaminamos hacia cinco años de importante protagonismo del movimiento obrero.

TEXTOS: ALFREDO PERCOVICH

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