Como si no bastara la ofensiva de los gobiernos de derecha en contra de Venezuela, el gobierno socialdemócrata de España y hasta el de centroizquierda de Portugal (del que forman parte también el Partido Comunista y el Bloque de Izquierda) también han reconocido al presidente de derecha que EEUU trata de imponer como su gobierno en Venezuela.
En América Latina, México, Uruguay y Bolivia intentan resistir, pero la adhesión al reconocimiento del presidente de la derecha es ampliamente mayoritaria, incluyendo actitudes más beligerantes de algunos países, entre ellos Colombia. La anunciada operación de una supuesta llegada de ayuda humanitaria por la frontera de Venezuela con Colombia, llevada por militares estadounidenses y colombianos como pretexto para el ingreso de esas tropas en territorio venezolano, alegando atender la crisis humanitaria, es un intento más de comprometer a sectores de las fuerzas armadas en una operación política contraria al gobierno. Esto confirma la creencia de la oposición y de EEUU de que, sin división del Ejército, Maduro se sostiene en el gobierno.
Los gobiernos de México y Uruguay convocaron la reunión del día 7 en Montevideo para buscar una solución política al conflicto.
Pepe Mujica está muy preocupado con la posibilidad de que deflagre una guerra en plena América del Sur, después de que los gobiernos progresistas habían logrado decretar la región como libre de conflictos bélicos. Mujica propuso nuevas elecciones en Venezuela, sin la participación de Maduro y Guaidó, suponiendo que el país no soporta seguir en la situación actual y que ni el gobierno ni la oposición lograrían derrotar uno al otro en los términos actuales del enfrentamiento; la prolongación de esa situación aumenta el riesgo de intervención militar y, de paso, de una situación de enfrentamiento militar abierto.
El principal problema de esa propuesta, que podría restablecer un marco político internacional de consenso es que probablemente sea rechazada por los dos. Mientras, la proyección de la situación actual no permite prever nada de bueno para Venezuela. Ni seguir con la tensión actual en aumento, mientras la situación interna es presionada negativamente por los factores externos. Ni mantener la escalada de manifestaciones internas, en tanto el país se mantiene en vilo, aguardando alguna solución mágica que no existe.
El papa también se dispone a hacer intermediaciones, pero resalta que sólo lo hará en caso de que las dos partes lo soliciten.
Todas las fuerzas y personas interesadas en una solución democrática para la crisis venezolana tienen que manifestarse claramente en condena de las amenazas militares de EEUU y de sus aliados. De ellas sólo puede venir lo peor para Venezuela. No es posible que instituciones que ya fueron democráticas se limiten ahora a reivindicar el derecho de la oposición a manifestarse y a pedir solución negociada para el conflicto, sin empezar, de forma clara y evidente, con la condena de las agresiones externas.
La reunión a lo mejor es la última posibilidad de encontrar un marco de consenso para una solución democrática a la crisis. Lo peor sería que las partes se mantuvieran inflexibles y, como dice Mujica, crean que es posible que una de ellas triunfe con el aplastamiento total de la otra. Esa expectativa sólo lleva a la intensificación de las tensiones y a la prolongación y profundización de la crisis.
El encuentro puede constatar que esa prolongación es negativa y que el respaldo a un gobierno apoyado por EEUU es un peldaño más hacia una conflagración general. Pero superar ese cuadro negativo supone soluciones políticas que requieren grandeza de cada una de las partes, demostrando que efectivamente quieren una solución política y pacífica para la crisis. Se necesita que las dos partes sean contempladas, que se llegue a una propuesta que permita terminar de una buena vez con la más profunda y prolongada crisis que Venezuela ha conocido; y no está caminando hacia su superación, sino a la destrucción material e institucional de país.