Se han hecho buenas recopilaciones de las paredes del mundo, y también de Montevideo. Valdría la pena comentar alguna antología de esas antologías. Nos proponemos hacerlo solo con 3 de ellos, que nos parecen lo suficientemente específicos, fuertes y sutiles como para justificar el tipo de comunicación expresiva que han llegado a configurar. Hoy nos detendremos en el del título, y próximamente en otros dos: ‘Marte para los marcianos’ y ‘La nostalgia ya no es lo que era’. Somos conscientes de que con esta detenida explicitación del valor de sus contenidos y formas quizás estamos perdiendo la inmediatez de su magia, que es uno de sus principales atributos; pero valga la pena para resaltar la riqueza de los contenidos que pueden transmitir. Y que se puedan leer con más respeto por las posibilidades del género, que ha sido minimizado por mentes poco abiertas.
Nos mean y la prensa dice que llueve
Primer acierto. El uso de un verbo coloquial, más o menos vedado de la comunicación oficial, ‘mear’, en lugar del verbo más admisible en el léxico público abierto, ‘orinar’. Una de las virtudes del grafiti, como luego de las comunicaciones en las redes sociales, es la de usar el lenguaje cotidianamente utilizado, sin las limitaciones del decoro social, de la preferencia académica o de la corrección gramatical. Quien ve el grafiti se siente fuertemente interpelado por la aparición pública de un verbo sumergido e invisibilizado en la escritura pública pese a ser el que más frecuentemente describe interpersonalmente las situaciones cubiertas más cuidadamente por el verbo ‘orinar’. Es un buen símbolo de lo alternativo, sub o contracultural, transgresor, que, como veremos, serán su contenido y su forma.
Segundo acierto. Como medio de comunicación alternativo, disidente y transgresor, aparece porque no tiene, no se le concede o no acepta las reglas, contactos y peajes que deben pagarse para poder usar los medios de comunicación principales para expresarse. Afirman que la prensa eufemiza y disimula los sujetos que son causantes de desgracias colectivas; porque ‘nos mean’ no refiere literalmente a ser rociados con orina, sino metafóricamente al hecho de recibir una afrenta que, además, es repugnante y permite entrever la intención humillante, despreciativa y descuidada de quien hace el mal. Y la manera de ocultar a los causantes del mal es manifestar ignorancia sobre la índole del líquido recibido, que no sería repugnante ‘orina’, sino simple e inocua ‘lluvia’.
Obsérvese que cuando se recibe un daño mayor aún, se usan otros verbos que expresan otras modalidades del aparato excretor de los desperdicios del metabolismo: excretar, defecar, u otros, que, en lenguaje grafitero y cotidiano sería ‘cagar’; en el coloquial cotidiano, que te ‘meen’ es menos malo a que te ‘caguen’, dada la suciedad mayor que se recibe con los excrementos sólidos que con la orina líquida. Tienen en común el significado latente de que les es arrojado algo sucio, por parte de alguien sobreordinado, autor sucio de esa suciedad.
Sin decir, se transmite latentemente la idea de que la prensa hegemónica, en lugar de difundir realidad y verdad, las oculta describiendo el orín que nos inunda como lluvia, y faltando así a la realidad y a la verdad que los receptores desean y que debería ser su función, rol y tarea. Una comunicación alternativa, como son los grafiti, tiene que desafiar la funcionalidad supuesta de la prensa, que no les da lugar o no les sirve, para ser mediadores de la realidad y la verdad que están fuera del alcance presencial o cognitivo de la gente.
Los sujetos que están por detrás de ese graffiti se proponen como más adecuados vehículos de la verdad y la realidad que la prensa instalada y dominante, hegemónica, para lo cual ridiculizan a la prensa, que sería grosera y sesgadamente disfuncional para la captación de la verdad y realidad que debería mediar hacia los receptores ávidos, describiendo la orina como lluvia, inocentando así a sus impulsores, y hasta despotenciando móviles de protesta posteriores; que serían, por ejemplo, descalificados como injustificados negacionistas o conspiracionistas.
Tercer acierto. Para deslegitimar, ridiculizándola, a la prensa como vehículo de verdad y realidad que debiera ser y no es, agrega la idea de que son obsecuentes a los dominantes, que orinan a la gente, disimulándolo al negar el carácter de orín de lo malo y asqueroso que la gente recibe. Para negar el mal hecho, se niega que sea un mal, se niega su carácter de orín caracterizando al líquido como lluvia. Para negar la responsabilidad por la autoría de un mal colectivo, se protege a sus autores por la vía de la negación del daño, que es un modo de inocentar a los autores del mal, que no sería tal; y por ende, inocentes de cualquier mal sus autores.
Otro modo, más actual aún, de negar culpabilidades y males trasmitidos por los poderosos sería el de llamar de ‘conspiratorios’ a esos grafiteros o a todos los que quieran mostrar que llueve orina y no agua, y que esa orina es enviada desde arriba en la sociedad; conspiratorios por intentar la elemental tarea de buscar responsables por la recepción indebida de orín; y también se llamaría a esos grafiteros ‘conspiratorios’ de ‘negacionistas’, porque no quieren aceptar que la orina sea lluvia, y rechacen nombrarla como tal cuando la reciben en sus repugnados e indignados cuerpos. Pueden ser tan extremadamente conspiratorios y negacionistas que intenten investigar, a partir de hipótesis de sospecha, quiénes son los individuos e instituciones autores del derrame de orina que la prensa quiere contribuir a ocultar llamándole lluvia.
En general, esos descriptores, conspiracionistas y negacionistas, son usados por los partidarios del statu quo para defenderlo, ocultando a los autores de un derrame de orina como simples autores de lluvia, lo cual los inocenta, y vuelve superfluo y hasta inútilmente radical la negación de que sea lluvia (negacionistas), e injustificada la sospecha para buscar responsables (conspiracionistas), ya que no se hizo nada tan malo con la lluvia, ni nadie es malo como para ser sospechable.
Cuarto acierto. La brevedad, concisión y dureza del texto del grafiti también ayuda a iluminar un fenómeno muy negativo en la evolución de las características y funciones de la prensa en el mundo contemporáneo: su transformación desde, a) mediadores independientes de hechos e ideas nuevas para con receptores que cada vez pueden acompañar presencial e inmediatamente menos la explosión de hechos e ideas que ocurre en el mundo, en, b) políticamente cooptados transmisores de valores e intereses, y comercialmente voraces selectores y editores de noticias. El qué de los contenidos (semántica) y el cómo (sintáctica, pragmática) de las formas se determinan más por alguna combinación de intereses políticos y comerciales, que por una independiente jerarquización de su importancia sustantiva, más allá de lo político electoral y comercial, y como parte de su utópica función inicial de controlador del poder frente a la opinión pública.
Con el tiempo y llegando al presente, la prensa es más una correa de transmisión de ideas, intereses y valores determinados (que la financian y comandan) y una fuente voraz y rapaz de lucros, que la independiente y controladora fuerza que media lo nuevo desde sus autores y ocurrencias hacia la masa ávida de ello. En lugar de tratar de dilucidar y denunciar la orina derramada y recibida, y descubrir y denunciar a sus orinadores, la prensa tiende cada vez más a ocultar que la lluvia es orina y a los arrojadores de orina. Por ello, por cooptada o por obsecuente convergencia con el poder dominante y hegemónico, la prensa tiende a una polarización entre esas ideas, valores e intereses dominantes y otras eventualmente disidentes, transgresoras, más nuevas o alternativas.
Parte de éstas obviamente no tienen eco dentro de la prensa ortodoxa, oficial, dominante, hegemónica, alcahueta, obsecuente, cooptada si no comprada; pero a veces tampoco encuentran lugar dentro de la opuesta mayor, porque puede ser una minoría dentro de una minoría. Y debe recurrir entonces, para conquistar grupos nuevos o para expresarlos, a modalidades comunicativas y expresivas también nuevas y aun no utilizadas por los polos institucionalizados de lucha pública. Tal el caso del grafiti.
Espero que en estos cuatro aciertos del grafiti referido, hayamos podido ejemplificar las potencialidades específicas del grafiti en general que, claro, pocas veces adquiere ese nivel expresivo y comunicacional; pero como es generacionalmente específico, debe esperarse más de él desde la camada que lo siente como especialmente apto decir lo suyo, que de manos de otros. Y debe entenderse más por su potencialidad específica que por el nivel medio de su realidad concreta. Casi como las redes sociales.