"Según los datos oficiales analizados por openDemocracy, hay por lo menos 48 casos de personas que desaparecieron hace más de una década y que siguen sin aclararse. Entre ellos se encuentra el de Silvia Fregueiro, quien desapareció en 1994. Otros 34 casos están abiertos desde hace más de cinco años (incluido el de Milagros Cuello), y 74 casos desde hace más de un año. Entre estos últimos se encuentran los de siete mujeres jóvenes que desaparecieron entre 2019 y 2022 en la zona oeste de Montevideo y el sureste de San José", puntualiza la investigación.
Los relatos de las familias son estremecedores y, tristemente, similares. Hacen la denuncia en alguna comisaría, no oyen nada de las autoridades por un tiempo, insisten, silencio, si pueden denuncian directo en Fiscalía, los expedientes se pierden, pasa el tiempo, siguen buscando por su cuenta, llaman para saber si hay avances y nadie sabe nada. Nadie sabe nada. E incluso si saben, como en el caso de Milagros Cuello, en el que tres hombres admitieron explotarla sexualmente, no pasa nada. En Uruguay hay redes de trata y explotación sexual y no pasa nada.
El colectivo Encuentro de Feministas Diversas (EFD), que milita contra la trata y la explotación sexual, aseguró en sus plataformas por el 30 de julio: "La mayoría de las víctimas de trata con fines de explotación sexual son mujeres, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad socioeconómica y, muchas veces, en contacto con el consumo de drogas. Por esta razón, la ausencia de políticas públicas para tratar las adicciones y la desigualdad estructural, expone a las mujeres y jóvenes a ser víctimas del crimen organizado. En Uruguay existe una relación directa entre la desaparición de mujeres, la explotación sexual, la trata de personas y el narcotráfico".
Sus datos difieren de los oficiales (que los mismos organismos estatales aseguran tener incompletos). Hay 615 gurisas y mujeres desaparecidas registradas por el EFD; 503 fueron encontradas con vida, 22 fueron encontradas sin vida, 15 fueron víctimas de feminicidio y 66 siguen sin aparecer. El 25% de las denuncias de desaparecidas recibidas por la policía no se encuentran en la web de Personas Ausentes y el 70% de las víctimas registradas son menores de 35 años.
Trata con fines de explotación sexual
La explotación sexual en sus diversas manifestaciones es la principal causa del tráfico de personas en Uruguay. Existe una idea estereotipada en el imaginario colectivo de cómo se dan las captaciones de las víctimas, en general con una van oscura en medio de la noche en una calle desierta, y la mujer pasa años encerrada en un cuarto sin ver el sol. Aunque esto puede ocurrir, la mayor parte de los casos se dan de otra manera.
El colectivo ¿Dónde están nuestras gurisas? (DENG), que trabaja con familias de gurisas y mujeres desaparecidas, cuyos casos suelen estar conectados con la explotación sexual, explicó a Caras y Caretas en 2020 que hay gurisas que aparecen y desaparecen, aparecen y desaparecen.
Hay una modalidad de captación que está relacionada con la explotación en fiestas privadas, en eventos puntuales. Trasladan a las chiquilinas y después vuelven a sus casas. Muchas veces las llevan de un departamento a otro, o de un barrio a otro, van y vuelven, no necesariamente se quedan. El tema es moverlas de sus lugares de referencia, que no sepan cómo moverse, que vayan quedando aisladas. Generalmente, las inician en las drogas. Son mecanismos que generan dependencia, para que la gurisa no pueda salir de esa situación, incluso cuando vuelve a su casa.
Es importante prestar atención a ciertos indicios de que una persona es víctima de trata con fines de explotación sexual: el relato directo, la aparición de personas adultas (generalmente hombres) ajenas al círculo familiar; que reciban dinero, regalos o ropa nueva; comportamientos hipersexualizados o, por el contrario, de gran retraimiento; desapariciones intermitentes.