No deja de ser un recuerdo maravilloso, que la manifestación anual por los desparecido, por verdad, por justicia, por nunca más, se conmemore los 20 de mayo. Y esa Marcha del Silencio este año cumple veinticinco años. En este cuarto de siglo hay cosas que han sido permanentes y otras han ido cambiando. Permanente: el silencio. Muchas marchas que se convocan con esa consigna inevitablemente culminan con el coro de consignas y gritos de lucha. Los 20 de mayo lo estruendoso es el mismo silencio. Al finalizar se nombra a los desaparecidos y tras cada referencia se contesta con un sobrio “presente”. Se canta el himno, se rompe en un aplauso que siempre termina en ovación, y luego, en silencio, la gente se retira de la concentración.
Lo que viene cambiando cada año es la masiva presencia. El silencio se ha vuelto multitudinario. Aumentando año a año. Y lo otro, no menos importante, es el componente juvenil de la marcha. Gente que por no ser contemporánea de los hechos, no los vive con menor intensidad o compromiso. Así iba a ser este año. Quizás el silencio atronador de otros años lo vamos a sentir a la hora en que la cadena fue solicitada y negada por el Poder Ejecutivo a Familiares de Desaparecidos. Quizás el hecho sea un estímulo para renovar nuestro compromiso y recordar todo el camino que tenemos por delante y los escollos, aún inimaginables hasta hace poco tiempo, que habrá que recorrer.
Como se sabe, la cadena fue solicitada porque justo en este año, que además de reclamar por los desaparecidos y su suerte se conmemoraban 25 años de la convocatoria de la misma, el mundo se ve afectado por una pandemia que impide las grandes concentraciones humanas. Pero como siempre a lo largo de la historia, cuanto más arduo es el camino y más dificultades surgen para recorrerlo, los pueblos descubren los atajos para transitarlo si es el mandato de la historia. Y así será este 20 de mayo.
Luisa Cuesta seguirá encabezando nuestra marcha, este año, apoyada en el brazo de Felipe Felo Michelini. Zelmar, el Toba, Liberoff, Barredo y Whitelaw serán recordados. Los desparecidos sentirán que los seguimos buscando. Los responsables de crímenes de lesa humanidad sentirán que la sed de justicia golpeará sus conciencias.
El próximo miércoles, con las limitaciones que nos impone la emergencia sanitaria, con las armas que hoy nos da la tecnología y la voluntad indoblegable, todos marcharemos, todos exhibiremos en las redes sociales, en nuestras casas, en el alma estará por cada uno de nosotros la margarita desojada. Y al otro día ya estaremos pensando en nuevos escenarios de lucha y nuevas formas de seguir manifestándonos. Además, también, al día siguiente, estaremos pensando cómo conmemorar la del 20 de mayo próximo. El año que nos separa de hoy a entonces, todos los días serán 20 de mayo.
El miércoles todos estaremos. Y todos estaremos gritando: “presente”.