El año 83 comenzó con el acto del primero de mayo. Fue un año de mucha lucha y muchas conquistas. Y la gente defiende más y con más sacrificio lo que conquista que lo que le dan. Ahíto, hago mi ingreso secreto al Uruguay. Luego de intensas conversaciones simplemente para cubrirme de las críticas esperadas. Wilson me escribe el 4 de octubre de ese año:
“El Partido Nacional está decidido a concertar su acción de lucha con todas las fuerzas políticas y sociales que quieran acordar el indispensable esfuerzo común”. (se verá que no hace esa distinción que se ha puesto de moda por algunos entre “en el exilio una política y dentro del país otra”, lo que hubiera implicado una falta de ética tremenda.
“Quienes invocando razones formales se nieguen a ello asumirán su responsabilidad (…) pero “no podrán impedir que la tarea unitaria se cumpla de cualquier manera”. Finaliza: “Sobre estas bases, te agradezco de antemano los contactos que tomes con los representantes de PIT, Asceep u otras fuerzas sociales, y para ello te pido que invoques mi nombre y representación”.
El sentimiento unitario crecía y se dieron las condiciones para la realización de la proclama del Obelisco. No había sector político o social que fuera excluido de aquel estrado que presidió el río humano de libertad frente al Obelisco.
El martes pasado no se podía hablar de otra cosa que de su conmemoración. Las radios pasaban la inconfundible e insustituible voz de Alberto Candeau, cuya imagen quedó en bronce allí donde leyó la proclama. Con muchos amigos que estaban acá recodábamos distintas experiencias de ese día. Todos los que estuvieron y los que, con emoción incontenible, debimos recurrir a la onda corta, al teléfono, luego a los pocos días a la llegada de los primeros cassettes, esta vez desde dentro hacia el exilio, así como las primeras fotos.
A partir de este año, tendremos dos cosas que recordar: el Río de Libertad y el modo que los jóvenes de los partidos políticos uruguayos lo celebraron. Reviviendo aquel espíritu unitario, convocaron en forma conjunta a la celebración. A preservar ese día en la memoria colectiva.
Gran lección para sus dirigentes que parecen estar enfrentando la campaña electoral más confrontativa donde al argumento se le sustituye por la descalificación, el insulto y la agresión al distinto.
Los jóvenes nos enseñaron que siempre es más lo que nos une que lo que nos divide. Y nos recuerdan el vozarrón con sonido de viento libertario de Candeau: “Compatriotas: proclamemos bien alto y todos juntos, para que nuestro grito rasgue el firmamento y resuene de un confín a otro del terruño, de modo que ningún sordo de esos que no quieren oír diga que no lo escuchó: ¡Viva la patria! ¡Viva la libertad! ¡Viva la República! ¡Viva la democracia!».