«Fiel a los tres principios no nucleares, nuestra nación servirá de puente entre países que toman diferentes posiciones, y perseverará en llamarles al diálogo y a la acción. Al hacerlo, lideraremos los esfuerzos de la comunidad global para lograr un mundo sin armas nucleares», aseguró Abe.
Alrededor de 800 personas procedentes de 80 naciones, entre ellas los sobrevivientes del bombardeo atómico, ‘hibakusha’ como se les llama en Japón, asistieron a una ceremonia conmemorativa en Hiroshima. La asistencia al evento se redujo este año a una décima parte del aforo habitual debido a la pandemia de covid-19.
Toda la ciudad quedó en silencio a las 8:15 a.m., el momento exacto en que el lanzamiento de la primera bomba atómica por EEUU marcó un antes y un después hace 75 años.
Alrededor de 800 personas procedentes de 80 naciones, entre ellas los sobrevivientes del bombardeo atómico, ‘hibakusha’ como se les llama en Japón, asistieron a una ceremonia conmemorativa en Hiroshima
Unos 140.000 habitantes de Hiroshima, de una población que en 1945 se estimaba en 350.000, murieron como resultado de aquel bombardeo.
Hiroshima fue elegida como el blanco más apropiado ya que fue un importante depósito de armas y tenía el tamaño suficiente para que gran parte de la ciudad pudiera ser exhaustivamente dañada.
En la madrugada del 6 de agosto, el avión estadounidense B-29 Enola Gay, con el coronel Paul Tibbets al timón y una bomba atómica a bordo, precedido por tres aviones de reconocimiento, despegó rumbo a la región indicada.
Sonaron, como casi todas las madrugadas del último mes, las alarmas antiaéreas, pero debido al número reducido de aviones se apagaron poco después de ser encendidas. Nadie se preocupó demasiado.
Fiel a los tres principios no nucleares, nuestra nación servirá de puente entre países que toman diferentes posiciones, y perseverará en llamarles al diálogo y a la acción
A las 08.15, desde la altura de 10.000 metros sobre Hiroshima fue arrojada la bomba de uranio Little Boy, equivalente a 20.000 toneladas de TNT, que explotó a la altura de 600 metros.
Unas 80.000 personas murieron al instante, más de 12.000 desaparecieron y 40.000 sufrieron heridas graves. La gran mayoría de los heridos murió en los días y meses subsiguientes de la explosión debido al efecto de radiación.
El 70 por ciento de todas las viviendas fueron absolutamente destruidas. Nada quedó con vida a un kilómetro y medio a la redonda del epicentro de la explosión.