Acuerdo Mercosur–Unión Europea: no era tan fácil
El proceso avanza, pero lo hace entre tensiones, obstáculos y señales contradictorias que reflejan la complejidad política.
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El proceso avanza, pero lo hace entre tensiones, obstáculos y señales contradictorias que reflejan la complejidad política.
La evolución del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea confirma algo que ya se intuía: su implementación dista de ser lineal. El proceso avanza, pero lo hace entre tensiones, obstáculos y señales contradictorias que reflejan la complejidad política, económica y jurídica del entendimiento.
Por un lado, se registran avances hacia una aplicación provisional, con la posibilidad de que el acuerdo comience a regir parcialmente en mayo de 2026. Esta instancia permitiría poner en marcha algunos componentes comerciales mientras se completa el largo proceso de ratificación, y varios gobiernos ya se encuentran trabajando en esa dirección.
Sin embargo, en paralelo persisten dificultades en las negociaciones técnicas, particularmente en lo que refiere a las cuotas de acceso al mercado europeo. Estos puntos siguen siendo altamente sensibles. El acuerdo contempla cupos relevantes —como 99.000 toneladas para carne bovina y 60.000 toneladas para arroz, ambos con beneficios arancelarios— que continúan siendo objeto de discusión, lo que evidencia que aún no hay consensos plenos.
A esto se suma un elemento que complejiza aún más el escenario: el freno político y judicial. En enero de 2026, el Parlamento Europeo decidió remitir el acuerdo a revisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, cuestionando su compatibilidad con el derecho comunitario. Esta decisión generó un congelamiento temporal del proceso de ratificación, pese a que el acuerdo había sido firmado días antes en Asunción.
En este contexto, la perspectiva de una ratificación total sigue siendo lejana. Se estima que el aval completo por parte de los parlamentos nacionales no se alcanzaría antes de 2027, prolongando la incertidumbre sobre su implementación definitiva.
El acuerdo Mercosur–Unión Europea avanza en un terreno de equilibrios frágiles: mientras se exploran vías para su aplicación parcial, persisten disputas técnicas, resistencias políticas y cuestionamientos jurídicos. El proceso confirma que, efectivamente, no era tan fácil.