Un problema grave de un plan de devaluación y ajuste que persigue achicar el déficit, pero que va acompañado de aumento de precios, por la devaluación, y que al disminuir el gasto perjudica los servicios públicos, afecta jubilaciones y salarios y redunda en una disminución del consumo no solo complica la vida de la gente, sino que al no poder cumplir con su objetivo de achicar sustancialmente el déficit fiscal, debido a la caída de la recaudación, exige aumentar el endeudamiento externo. Y ya sabemos a quiénes van a recurrir cuando las condiciones macroeconómicas se deterioren lo suficiente. El retorno al FMI no es solo una consecuencia del manejo dogmático de la economía que hacen los neoliberales; es un propósito de primer orden de las derechas de mercado porque es la garantía de los condicionamientos de la política económica que sobreviven a sus gobiernos. Si terminamos endeudados con el Fondo Monetario, terminamos siendo tutelados por sus programas económicos, que siempre incluyen más ajuste, más privaciones para la sociedad, más medidas “dolorosas” e “impopulares”.
¿Cómo lleva el pueblo un deterioro rápido de sus condiciones de vida? Si tiene suficiente entramado de organización, el pueblo resiste. Los sindicatos reclaman, la gente protesta. Es lo normal e incluso es lo saludable. El derecho al pataleo cuando te están perjudicando por todos lados. Es lo que vemos en América Latina y es lo que vemos en el mundo. Es lo que nos acostumbramos a no ver acá en los últimos 15 años, básicamente porque en los últimos 15 años no se aplicaron políticas neoliberales.
¿Cómo se maneja la derecha con la protesta? Habitualmente se maneja con inflexibilidad y, en última instancia, con represión. Todo eso se puede esperar y no tiene nada de alarmismo ni de campaña de miedo. Es la historia del neoliberalismo en la región y en el mundo. Los debilitamientos de los Estados de bienestar, las políticas de austeridad y el deterioro de las condiciones de vida del grueso de la gente, provocan conflictividad, crecientes climas de crispación social e inestabilidad política y, cuando los gobiernos son sordos, terminan reprimiendo. Pero como el mundo sigue girando y un programa de semejante impopularidad cae rápidamente en la aceptación de la ciudadanía, el panorama es peor cuando los gobiernos que lo llevan adelante se afirman sobre coaliciones débiles, construidas para oponerse a algo y no para promover un camino cierto. Entonces veremos cómo partidos enteros retiran a su gente del gabinete, se complican los votos en las cámaras, se adelantan las campañas electorales y el gobierno paralizado en una crisis autoinfligida con la gente viviendo cada vez peor y contando los días para la próxima elección. Es un futurible triste, en el que muchos no creen, pero la historia está ahí, los ejemplos sobran y es un pronóstico fácil para cualquier observador atento de la realidad que nos circunda o para cualquiera que no haya renunciado al beneficio de la memoria.