El diario El País de Montevideo titula: “Almagro critica al gobierno frenteamplista”. Hace declaraciones en Radio Carve. Repito, no voy a entrar en el contenido de sus argumentos. Al estilo Trump sostiene que “él lo hubiera hecho mejor”. Mi pregunta es muy sencilla: ¿qué autoridad o mandato esgrime para opinar sobre este tema? Es un juicio en Italia, que no integra la OEA, creo que está en Europa, ¿no? ¿Será que lo hace por ser año electoral? ¿O soy muy mal pensado?
El tema de fondo es sobre el gobierno que sí está en América. Y él tiene absolutamente prohibido meterse en los asuntos internos y las decisiones políticas de todo Estado miembro de la OEA. La Secretaría general de la organización no es un cargo de 9 de la mañana a 5 de la tarde. Es una investidura que a él le obliga a guardar conductas 24 horas al día 365 días al año.
Se me ocurre que no debe ser casualidad que lo haya hecho en medios de prensa locales. Ello agrava aún más su injerencia. Para él no debería haber gobiernos de color político, sino gobiernos de Estados miembros. Además de inapropiado, en estilo y forma, en un cargo como el suyo hacen al fondo de su gestión. No deja de demostrar una sensibilidad muy débil al atacar a este gobierno, en tanto y cuanto es el de la fuerza política que acaba de expulsarlo por unanimidad de sus propias filas, situación que, cuando vivíamos en un mundo con códigos, debió llevar aparejada su renuncia al cargo.
Almagro no puede ni debe opinar, ni dar lecciones a ningún Estado miembro. ¿Es tan difícil? Ahora, hay algo que no requiere ser experto en derecho internacional público para entender. Para comprenderlo basta tener conciencia de que la vida hay que transcurrirla con ética: si en ningún Estado debe ni puede meterse en los asuntos internos, mucho menos en los del suyo propio. Nunca. Pero muchísimo menos en el que lo propuso para ocupar el cargo. Independencia técnica sí, pero la violación de sus facultades respecto de su propio país para tratar de perjudicarlo realmente da pena.
Es tan claro y contundente como suena. Pero hay más. Desde que Almagro ocupa un cargo, para el cual debemos reconocer que no estaba preparado, no ha cambiado el partido de gobierno en Uruguay que ahora se prepara para su cuarta gestión. Es decir, no se puede meter con ningún Estado miembro, pero él, además de hacerlo, lo hace con su propio país. Además de hacerlo con su propio país, lo hace para criticar al gobierno de la fuerza política que lo candidateó. Por suerte no lo entiendo, porque tengo códigos y porque mi conducta ética no es una imposición de la sociedad, sino lo que me permite ser feliz, por encima de aciertos y errores.
Ha lanzado su campaña para ser reelegido al cargo. Han apoyado su candidatura Trump, Duque y Bolsonaro. No le da vergüenza, está feliz. Si se concretara su reelección, sería el primer caso en la historia de alguien que confronta a su propio país, que además lo llevó al cargo. Uruguay no merece esto. No comprometo a nadie más que a mí mismo al decir: votar a Almagro para su reelección en la OEA, es un acto inamistoso hacia Uruguay.