La enfermedad no existía. Había sido ministro de Goulart y fue vice de Brizola en Río cuando este asumió la Gobernación, ceremonia a la que asistimos. Las cosas de la vida, mis padres quedaron en su casa porque quería volver a Brasil antes de morir. No lo detuvieron porque creían, como él, que estaba grave. En marzo del 87 estuvo en el velatorio y entierro de mi viejo. Murió en 1991 siendo senador.
El párroco Julio Lancelotti lee una carta escrita por el propio Darcy, meses antes de morir. La carta leída desde el púlpito dice (traducción mía):
“Fracasé en todo lo que procuré en la vida. Intenté alfabetizar a los niños brasileños: no lo conseguí. Intenté salvar a los indios: no lo conseguí. Intenté formar una Universidad seria: fracasé. Intenté que Brasil se desarrollara autónomamente: fracasé. Pero estos fracasos son mis victorias. Yo detestaría estar en el lugar de los que vencieron. Darcy Ribeiro”.
Terminada la lectura de la carta, el sacerdote camina lentamente hacia el altar. Yo ya sentía que la emoción me había ganado el alma a minutos de comenzar el año. Un 2019 cargado de enormes desafíos y más incertidumbres que certezas. Esto tanto en la región donde estamos insertados como en el mundo. Y año electoral en Uruguay. Tras una brevísima pausa, el sacerdote cambia el tono y con conmovedora vehemencia culmina con sus propias palabras:
“Este domingo, yo estoy feliz de poder decir, como Darcy Ribeiro: estoy feliz de no estar del lado del que ha vencido. Mi lado será siempre el de los pobres, los vulnerables y los pequeños, los pueblos originarios, los indios, la comunidad LGBT, los sin techo, el pueblo de la calle. Estoy muy feliz, porque no estoy del lado del que ganó. Estamos del lado de la lucha. Estamos del lado de los que van a seguir luchando. Porque es un mandato luchar por la vida, por la dignidad de la vida. Esa carta que escribió Darcy Ribeiro, hoy nos ayuda mucho. Estamos todos felices, porque no estamos del lado de quienes vencieron”. (aplausos)
Estaban por empezar a verse los fuegos artificiales, había que brindar, nos abrazarnos quiénes nos habíamos reunido. Yo no quise hacerlo sin colgar antes en mis redes las palabras de Lancelotti. En lo que va del año las he escuchado ya varias veces. Cómo en menos de tres minutos se puede dar tanta fuerza, transmitir tanta paz y sed de lucha. Todo sobre la base de una carta que, como despedida de esta vida, puede darnos tanta fuerza.
Empecé el año creyendo profundamente que ser felices depende solamente de que no le fallemos a la gente dejando de estar a su lado. Es decir, depende solo de nosotros mismos. Lo otro, lo que no depende de nosotros, nos puede doler, nos debe preocupar, pero el camino de la felicidad pasa por ser fieles a nuestro propio compromiso de escuchar nuestra conciencia y actuar en consecuencia, sin medir los costos que ello pueda tener. Qué linda manera de haber despedido el año 2018. Sobre todo, qué lindo modo de recibir 2019.