Aprobar o reprobar: La enseñanza en la balanza
Una niña de nueve años repitió 4º de primaria, algo que la sociedad siempre “censuró” por un lado y miró con “normalidad” por otro. Repetir en la escuela siempre fue tomado como signo de inmadurez, en el buen sentido del término. Igualmente, los padres reparten el enojo entre el alumno -el repetidor suele ser disperso, juega cuando los demás trabajan, etcétera- y el docente -que no supo ponerle límites o es un aburrido a la hora de enseñar y no logra acaparar la atención-. Lo que no sucede a menudo es que los padres del alumno repetidor pidan la actuación de la Inspección General de Primaria por no estar de acuerdo con el docente y lo que nunca pasa es que se pida la intervención de la Justicia. Así, sin más. Pues, esta vez, sucedió. La Justicia interventora El juez de Familia Gerardo Álvarez consideró que una alumna de 4º año del colegio Santa María (conocido como Los Maristas) debía pasar de grado, aunque su maestra, el equipo de psicopedagogos del centro de enseñanza y la Inspección de Primaria opinaran lo contrario. Basándose en los resultados de análisis de tres técnicos privados (un neuropediatra, una psicopedagoga y una maestra especializada), Álvarez consideró que fueron quebrantados los derechos de la niña y que, por tanto, debía pasar de año. Y la pasó. Lo extraño es que la situación no se dio de buenas a primeras. Una fuente de la institución dijo a Caras y Caretas que varias veces hablaron con los padres explicándoles que la pequeña no estaba en condiciones de pasar de año: “Se le brindó atención psicopedagógica y se hizo todo lo que se pudo, pero sus padres se negaron a aceptarlo y no creyeron en la institución; esa es la verdad”, aseguró la fuente, quien dijo estar indignada: “Ellos son quienes se sintieron frustrados e hipotecaron el futuro de esa hija. Fijate que dijeron que iban a cambiarla de colegio cuando la excusa que pusieron fue que si repetía, no seguiría con sus mismos compañeros; entonces no se entiende”. La fuente señaló que el centro educativo va a apelar la sentencia: “La repetición no es un castigo, es una herramienta que podrá discutirse, pero es válida. Sirve para reforzar el tiempo educativo cuando no se logró desarrollar el objetivo. Es sólo eso: hay estudiantes que necesitan más tiempo que otros para aprender. En este caso concreto, hay un problema de motricidad que no ayuda. A la pequeña se le dio la posibilidad del uso de herramientas que colaboraran para superar la dificultad y eso funcionó bien, pero igual iba rezagada en relación al resto del grupo, y bueno, así se le explicó a los padres”, indicó la fuente. Por otra parte, y de acuerdo al fallo de la Justicia, los padres aseguran que no fueron escuchados por el centro de enseñanza, sin embargo, la persona de los Maristas preguntó a Caras y Careta s: “¿Por qué no recurrieron a la Inspección de Primaria? Ellos saben, y el abogado también debe saberlo, que es allí donde Primaria tiene potestades para revertir una situación injusta. No lo hicieron porque nosotros les dimos suficientes argumentos”. Aseguró que las causas para reprobar no sólo estaban garantizadas por la maestra, sino también por la docente que la niña tuvo el año anterior, “que ya preveía que no sería fácil que hiciera un buen 4º año, pero la pasó en el entendido que con las herramientas informáticas la situación pudiera superarse bastante y no debiera recursar, pero no fue suficiente; no se logró que alcanzara el perfil de egreso requerido”. El dirigente del Sintep, Sergio Sommaruga, dijo que a veces tiene diferencias con los fallos judiciales, pero igualmente “hay que respetarlos porque es lo más sano para la sociedad. Caracterizamos el fallo como una extralimitación. Quisiera ver si un juez cambia el diagnóstico de un médico o si una maestra se pone a dar sentencia judicial. Hay especificidades que fueron soslayadas”, expresó el gremialista. Antes de este fallo, repetir un año en la escuela podía pasarle a cualquiera. Sólo había que superar un poquito de miedo, otro poquito de vergüenza y saber secar las lágrimas a tiempo. Hasta que se metieron los adultos y llenaron la pena con sus traumas, frustraciones y temores. Todo pasará y los pesos volverán a equilibrar la balanza. Sólo hay que escuchar el sonido de la campana.