La posterior renuncia y sustitución del ministro de Economía, el actual “reperfilamiento” de la deuda o el control de cambios, no logra despejar las incertidumbres financieras que llevan el riesgo país a los 2.500 puntos, ni ha modificado el giro político-mediático aludido y menos aún los poderes fácticos e intereses que lo motorizan, de forma tal que no encuentro motivos para arribar a conclusiones políticas disímiles. Sin embargo, razones prácticas de escasez de tiempo alejan cada vez más la posibilidad de un adelantamiento electoral, aunque la propia vuelta de campana extirpó esta alternativa del bloqueo mediático. Diariamente algún medio se lo interroga.
Ni el gobierno ni el establéceme confían en medidas heterodoxas y regulaciones y no dejan de expresar tanto la incomodidad como la inevitabilidad ante la magnitud del endeudamiento y el deseo de huida del capital especulativo desde los bonos nacionales hacia los dólares. Precisamente, aquello que obligó al diferimiento unilateral y compulsivo de las deudas (no sólo en dólares sino también inexplicablemente en pesos) que genera descalabro en los fondos de inversión con proporciones de letras del tesoro nacional en sus carteras. Las consecuencias no resultan sólo para pequeños y grandes inversores especulativos, sino también productivos y estados provinciales que derivaban hacia allí la eventual liquidez coyuntural, incluso hasta la fecha de pago de salarios ante rendimientos de más del 50%, aún resultando negativos respecto a la inflación. El mismísimo infierno capitalista.
La comparación con la crisis argentina de 2001 encuentra analogías y diferencias que sería extenso inclusive listar, pero un común denominador político podría subrayarse si los otros dos importantes procesos electorales vecinos en Bolivia y Uruguay logran capitalizar el espanto en favor del progresismo, manteniéndose en los gobiernos e impulsando un renovado giro progresista en el resto del subcontinente avasallado por la ultraderecha como sucedió después de aquel diciembre.
En la reciente visita del líder de France Insoumise, Jean-Luc Mélenchon a Montevideo, se improvisó un acto callejero con militantes frentistas diversos. En su breve intervención, sostuvo que “necesitamos” del triunfo del FA para enfrentar la barbarie neoliberal y sus consecuencias amenazantes para con la naturaleza y la especie humana. En tal sentido remarcó que la responsabilidad histórica es mayúscula para impedir que un “pequeño Macri” o un “pequeño Macron” uruguayo traslade la catástrofe a ese país y a otros Estados de nuestro subcontinente. Nada más aterrador.
Aún si no nos bastara el amor, nos debería valer el espanto.