En las reuniones se discutía sobre el costo político de las operaciones y cuáles eran los mejores momentos para concretarlas. Si no había consenso, se libraban actas para cada país participante, pero si había acuerdo sobre las víctimas escogidas, comenzaban los operativos de las violaciones a los derechos humanos en la región, con el aval de la Casa Blanca. En concreto, los archivos reflejan que aquellos países latinoamericanos firmaron un acuerdo de cooperación para implementar «operaciones contra blancos subversivos». Brasil y Bolivia, que también eran gobernados por dictaduras, participaban con menos intensidad en el entramado continental.
La organización
El Centro de Operaciones localizado en Argentina funcionaba de 9:30 a 12:30, tenía un descanso de dos horas, y continuaba sus funciones de 14:30 a 19:30 (hora local). Estaba conformado por agentes de los servicios de Inteligencia sudamericanos, y cada país enviaba un mínimo de cuatro miembros. Así, cada una de las dictaduras participantes se comprometió a colocar 10.000 dólares en el Centro al comienzo del Plan Cóndor y debían sumar una cifra similar al final de cada operativo criminal, en un plazo no mayor a los 15 días. Además, para el funcionamiento de la sede añadían un monto mensual simbólico de 200 dólares.
- El sueldo de los grupos de tareas
Según los documentos enviados por la Administración de Donald Trump al Ministerio de Justicia argentino, los asesinos a sueldo de aquella época cobraban «3.500 dólares por persona por 10 días», más una cifra fija de 1.000 dólares destinados a la vestimenta. Los llamados grupos de tareas en el extranjero eran conformados por hasta cinco integrantes, «miembros de uno o más servicios de acuerdo a su experiencia, calificaciones personales y características del blanco».
Las víctimas se seleccionaban, curiosamente, en una especie de asamblea militar: «Cada representante presenta su selección de un blanco en la forma de una propuesta. La selección final de un blanco será por votación y se determinará por mayoría simple», se lee en los papeles.
Una vez que el Centro de Operaciones escogía a los destinatarios de sus planes, los servicios locales de Inteligencia tenían la misión de identificarlos, localizarlos, seguirlos, informar a la base argentina y luego retirarse. Solo un miembro del equipo de Inteligencia estaba autorizado a comunicarse con el Centro.
Acto seguido, los equipos de operaciones tenían que «ejecutar al blanco» manteniendo tres pasos fundamentales: «A, interceptar el blanco, B, cumplir la operación y, C, escapar».