Desde el 24 de julio de 2008, cuando se condenó a cadena perpetua en cárcel común por primera vez al ya muerto Luciano Benjamín Menéndez, ésta es la primera vez que se escucha a una testigo dar cuenta de los signos de tortura en un bebé.
Norma Julia Soulier de 59 años y su sobrino Sebastián (ya de 44) rearmaron junto a los otros testigos, Jorge Arias y María Lidia Cuello, de 91 años, lo ocurrido a sus familiares: Luis y Juan Carlos Soulier, Adriana María Ríos y Miguel Angel “Coqui” Arias, y a todo el entorno que sufrió la devastación de sus propias vidas.
Tanto los hermanos Soulier como el Coqui Arias y Julia, tenían en común el colegio Nuestra Señora de Loretto y militaban o habían militado en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Julia declaró que en 2008, en un homenaje que se hizo al padre (Carlos) Ponce de León, que era amigo del obispo Angelelli, el Quito Mariani y el Cura Vasco (reconocidos como «curas tercermundistas»), supo que «(el Arzobispo Raúl Francisco) Primatesta había ordenado que los colegios parroquiales de Argentina debían entregar el listado de los alumnos y los profesores. Durante el juicio Julia demostró una estremecedora entereza para revivir ese tramo de infierno ante el Tribunal:
“Cuando entré al comedor mi tía (Yoli) estaba llorando. En ese momento me di cuenta de que el paquete era Sebastián. Lloraba y tenía la cara muy sucia. En los pliegues de la colcha había una carta de Adriana en la que decía que se iba de viaje y que cuidaran mucho a Sebastián”. Apenas puede acomodarse el largo pelo oscuro para tomar un respiro: “Lo torturaron psicológica y físicamente durante 24 horas. No cerraba los ojos. Tenía las pupilas muy dilatadas. Tenía un estado de rigidez total en el cuerpo. Llevaba un enterito de guata que chorreaba orín… La piel toda arrugada y deshidratada, tenía llagas que sangraban detrás de las rodillas y en las axilas. La bombacha de goma estaba destrozada, pero tenía pegada la cintura a la piel”. Julia se autoexige precisión. Quiere dejar asentado su testimonio: “Los piecitos estaban morados. Pensé que era por frío y que lloraría si lo bañaba. Pero Sebastián no emitía ningún sonido. No quiso la mamadera. Cuando le sacamos los escarpines apenas se le veían tres dedos del pie por la inflamación. Había sido golpeado fuertemente en los pies”.
Actualmente Sebastián Soulier integra la agrupación HIJOS. “Nosotros jamás buscamos venganza. Jamás. A ninguno jamás se le ocurrió. Aprendimos de las Viejas. De esas Viejas Locas (las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo) que marcharon en círculo buscando a sus hijos. De ellas aprendimos ser perseverantes. A no bajar los brazos. A militar sonriendo. A exigir el lugar que el Estado tenía que ocupar. De la Otilia (Argañaraz), la Sonia (Torres), la Carmiña (de Castiglioni), la Emi D´Ambra y Santiago… de todas ellas. Somos el recambio. Seguiremos buscando a los hermanos que nos quedan, a todos los nuestros”, dijo en un discurso monolítico y atravesado por su propia historia.
Fuente: Con información de Página/12