También prometió «unir al pueblo, valorar la familia, respetar las religiones y nuestra tradición judeo-cristiana, combatir la ideología de género», y en definitiva, hacer que Brasil vuelva a ser un país «libre de amarras ideológicas».
Dijo que trabajará para que no haya división ni discriminación, y dio una pincelada de algunas de las medidas que serán prioritarias en su próximo Gobierno.
Educar para trabajar
En el ámbito de la educación, habló de la necesidad de que las escuelas formen personas que se integren en el mercado de trabajo y no «militantes políticos».
Respecto a la seguridad pública, una de las banderas de su programa electoral, pidió ayuda a los parlamentarios para que le ayuden a dar «respaldo jurídico» a los policías y militares que trabajan por Brasil.
Es una referencia velada a la inmunidad que Bolsonaro y sus aliados defienden para los policías que maten a delincuentes en servicio.
Promete reformas
En el ámbito económico, el líder ultraderechista prometió reformas estructurales, aseguró que el Gobierno no gastará más de lo que recauda y subrayó que Brasil se abrirá al comercio internacional.
Bolsonaro empezó su discurso recordando que es un viejo conocer del Congreso («vuelvo con humildad», dijo), dado que trabajó como diputado durante 28 años.
Al mencionar a su esposa, la primera dama Michelle Bolsonaro, recordó que la conoció allí mismo, donde ella trabajaba como asesora.
El discurso estuvo cuajado de referencias a Dios, al que agradeció por estar vivo tras el atentado que sufrió en la campaña electoral, y terminó con la frase que era su eslogan durante el periodo electoral: «Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos».