Hasta el momento, ningún grupo reivindicó el atentado de este martes, y el Talibán divulgó un comunicado en el que niega cualquier participación.
Atullah Khogyani, portavoz del gobernador de la provincia de Nangarhar, afirmó que, en total, 32 personas murieron y 128 resultaron heridas en la explosión.De acuerdo con socorristas locales, los sobrevivientes afectados fueron trasladados inmediatamente a hospitales de la región.
La escalada de la violencia disminuyó las esperanzas de negociaciones de paz para acabar con el conflicto que ya lleva 17 años de duración en Afganistán, iniciado con la invasión de Estados Unidos y sus aliados que depuso al gobierno talibán, grupo fundamentalista cuya base es la etnia pashtún, mayoritaria en el país.
En esa época, el Talibán había dado refugio al saudí Osama bin-Laden, responsable de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Dos miembros del Talibán, sin embargo, dijeron el martes que el grupo se está preparando para otra reunión con autoridades estadounidense
“Me encuentro profundamente indignado con esta última ola de ataques deliberados contra la población civil” dijo Tadamichi Yamamoto, alto funcionario de las Naciones Unidas en Afganistán por medio de un comunicado. “Los autores deberán enfrentar la Justicia” afirmó.
Nangarhar, un reducto de militantes del Estado islámico desde el inicio de 2015, ha sido uno de los lugares con mayor violencia en este año, con una serie de ataque suicidas en su capital, Jalalabad.
La explosión en la protesta ocurrió después de una serie de explosiones menores en el mismo día, ataques que alcanzaron escuelas y sitios vecinos matando por lo menos una persona e hiriendo otras tres.
En la provincia de Sar-e Pul, al Norte del país, centenares de hombres armados se reunieron para reforzar las defensas de la ciudad mientras las fuerzas de seguridad luchaban para expulsar combatientes del Talaban, dijo Zabihullah Amani, portavoz del gobernador de la provincia