Insistiré lo expuesto en artículos anteriores en que Maduro y el chavismo deberían hacer una exhibición de su arsenal democrático constitucional (la carta magna más avanzada del mundo) adelantando el referéndum revocatorio, con todas las garantías y veedores internacionales que siempre han convocado a fin de que sea la ciudadanía la que decida si quiere continuar la experiencia de un capitalismo con pretensiones redistributivas y contención social, aún fallido, o bien las tradicionales formas salvajes y esclavizantes que propone la oposición.
Tanto el argumento de la movilización opositora y la represión, cuanto el nivel de abstención que arguye el cartel de la restauración, queda desmentido no sólo al advertir su indiferencia ante la magnitud de las protestas sabatinas que enfrenta Macron, sino también por la actual coyuntura haitiana. En las elecciones de 2015 la participación fue del 21% del electorado, cosa que no impidió que los cuestionadores del abstencionismo venezolano reconocieran inmediatamente al ganador. Pero además fueron tan groseras las irregularidades que esas elecciones debieron anularse y repetirse con idéntico resultado. Hoy las calles de Puerto Príncipe están plagadas de manifestantes exigiendo la renuncia de Jovenel Moise y son reprimidas contando varios muertos entre ellos. No hay ayuda humanitaria ni cuestionamiento de la legitimidad del primer mandatario. Todas las estadísticas, desde la expectativa de vida hasta la disponibilidad de saneamiento o el ingreso per cápita, denuncian una realidad que merece la ayuda inmediata. Trágica paradoja la de esa media isla que sintetizó pioneramente en un mismo movimiento histórico una revolución nacional, social y racial, pagando el (des)precio de la libertad, igualdad y fraternidad que se arrogaban para sí sus colonizadores, negándosela al resto.
Pero ni el de Venezuela ni el de Haití resultan los únicos casos de crisis con necesidades humanitarias. El informe 2018 de la “Food and Agriculture Organization” (FAO) de la ONU (suscripto además por Unicef, International Fund for Agricutural Development, World Health Organization y World Food Program) ubica a Venezuela con crecimiento de la “prevalencia de la subalimentación 2015/17”, pero no es el país de Sudamérica con la tasa mayor, aunque luego no hay datos de ese período de inseguridad alimentaria tanto para Haití como para Venezuela (págs. 122 y 123). Pero no alegrará a Macri saber que el récord de crecimiento de tal indicador en ese período lo tiene Argentina (pág. 123) aumentando del 5,8% (2.500.000 personas) en el período a 8,7% (3.800.000 personas).
Si de ayuda se trata, no vale la pena esperarla de los más inhumanos.