El mandatario que llegó a la presidencia nominado por el partido político que él mismo había fundado, Movimiento de Regeneración Nacional, inició su gestión con un nivel de aprobación histórico, superior al 70 por ciento.
La caída en la aprobación presidencial y en otros indicadores de apoyo ciudadano al gobierno puede deberse a diversos factores, pero uno de ellos, quizás el más fuerte, fue la respuesta gubernamental a las exigencias de mujeres por una mayor seguridad ante los femicidios y la violencia de género.
Según una encuesta de El Financiero, el 82 por ciento de los entrevistados calificó como mala o muy mala la manera en que el gobierno de López Obrador está tratando el asunto de los femicidios y la violencia contra las mujeres; en contraste, solamente 9 por ciento la calificó como buena o muy buena.
Esta es la respuesta más negativa que se ha registrado hasta ahora con respecto a la labor gubernamental, señal de que las soluciones de la administración federal han sido tomadas con gran insatisfacción por parte de la ciudadanía mexicana, tanto mujeres como hombres.
Por otro lado aunque los programas sociales para adultos mayores, personas con discapacidad y jóvenes que ha aplicado López Obrador desde que fue jefe de gobierno del Distrito Federal han sido un éxito, hay una falla evidente, denunciada incluso por varios dirigentes. En algunos casos los delegados enviados por el gobierno federal para aplicarlos son deficientes, y en otros casos hay corrupción en la distribución de esos recursos.
Además, es claro que el listado de promesas realizadas por el presidente no se ha podido cumplir en materias como seguridad, educación y salud. ¿Le falta voluntad al presidente? No, simplemente las circunstancias y la realidad siguen su propia ruta. Lo más probable es que su trabajo se enfoque prontamente en dar solución a las problemáticas más emergentes de su país.