Sin embargo, el drástico aumento en el precio de los combustibles (alrededor del 30 % en lo corrido del año) llevó al primer mandatario a criticar la gestión directiva de la petrolera y a la posterior decisión de remover a su presidente.
El incremento en el precio de los combustibles llevó al gremio de los camioneros, el mismo que apoyó a Bolsonaro en su camino a la Presidencia, a amenazar con irse a huelga. Como respuesta, el jefe de Estado prometió realizar «cambios», además de poner fin a los impuestos federales sobre el combustible diesel durante los próximos dos meses.
Como nuevo presidente de la firma, el líder de ultraderecha propuso al general de la reserva del Ejército, Joaquim Silva e Luna, ex ministro de Defensa del Gobierno de Michel Temer (2016-2018) y actual director de la parte brasileña de la hidroeléctrica Itaipú. Su nombramiento aún tiene que ser ratificado por el Consejo de Administración de Petrobras.
El cambio que Bolsonaro pretende imponer en Petrobras, controlada en un 50,26 % por el Estado y cuyas acciones cotizan en las bolsas de Sao Paulo y Nueva York, fue interpretado por los mercados como una suerte de «injerencia» del Estado en los negocios de la petrolera.
Las acciones preferenciales de la empresa en la Bolsa de Sao Paulo se hundieron este lunes un 21,51%, mientras que las ordinarias se desplomaron un 20,48%, lo que a su vez llevó al parqué paulista a cerrar con pérdidas del 4,87%.