A tono con el resultado del referendo de 2016, el Reino Unido abandonó la UE el 31 de enero pasado, pero ambas partes acordaron un periodo de transición de 11 meses para negociar los términos de su futura relación comercial.
A punto de concluir el plazo, las conversaciones continúan estancadas por diferencias sobre las cuotas pesqueras y las reglas para evitar la competencia desleal y los subsidios, por lo que existe el riesgo de que Londres y Bruselas tengan que regirse a partir de enero por las regulaciones de la Organización Mundial del Comercio.
Aunque el primer ministro británico, Boris Johnson, asegura que el Reino Unido podrá prosperar sin un acuerdo de libre comercio con la UE, los analistas predicen que un Brexit supone la aplicación de las tarifas y controles aduaneros para las mercancías británicas que entren a la zona europea, y viceversa, con el consiguiente aumento de los costos y las demoras en los puertos de entrada.