La iniciativa fue respaldada por diversas colectivas y organizaciones feministas: ¿Dónde están nuestras gurisas?, Comisión de Género del Sindicato Único de Carnavaleras y Carnavaleros de Uruguay (SUCAU), Minervas, Gozarte, Desmadres, Radio Pedal, Red de psicólogas feministas, Encuentro de Feministas Diversas, Primer ensayo, Poderosas y Organizadas, y la Coordinadora de Feminismos.
A la calle una va a poner el cuerpo. La movilización que generaron las denuncias en redes fue importante y para algunas llegó el momento de mostrar que también estamos juntas y organizadas para tomar el espacio público.
La marcha fue citada a las 18:30 en la plaza Libertad. Una hora después cortaron la calle 18 de julio para avanzar con pancartas, en bloque, hasta la plaza de los Treinta y Tres. En el camino entonaron diversas canciones alusivas a la lucha feminista. Al final se leyó la proclama.
Karla Monichon Vicente, del colectivo ¿Dónde están nuestras gurisas?, y de la coordinadora Feminismos uy, aseguró en diálogo con Caras y Caretas que el objetivo de la marcha fue que quienes han sufrido violencia machista “sepan que no están solas, que sepan que es su derecho hablar, que hay una red que las va a sostener y apoyar, que entre nosotras nos creemos”. Las mujeres y disidencias “estamos denunciando las violencias sistemáticas y estructurales que venimos sufriendo desde que el mundo es mundo”, sentenció Monichon.
Tras la ola de escraches quedaron muchas preguntas: ¿qué pasará cuando se apague el fuego inicial?, ¿cómo garantizamos seguridad digital para escrachar en esas plataformas?, ¿la gente entiende que la Justicia suele dejarnos desamparadas?, ¿está claro que este es el resultado de un proceso colectivo de años que encontró, por fin, una forma de filtrarse en el discurso público con fuerza?, ¿habrá consecuencias para los denunciados?
Estar frente a estas interrogantes es una clara señal de que las mujeres rompimos el silencio. Seguirán los debates entre feministas y en la sociedad en general sobre la validez del escrache como herramienta, cómo vehiculizar mejor las denuncias y cómo encarar estas situaciones como comunidad, pero las repercusiones de estas denuncias muestran un quiebre, un cambio de paradigma.
Monichon aseguró que “estamos en una coyuntura política que no nos favorece en cuanto mujeres sujeto de derecho, en cuanto ciudadanas”. Para ella en este contexto, con los cambios que introdujo la Ley de Urgente Consideración, “salir a la calle y reivindicar nuestros derechos es bastante”.
La proclama
Rompemos el silencio porque no estamos dispuestas a seguir tolerando la complicidad y la impunidad del pacto patriarcal que perpetúa y legitima en las calles, en las camas, en las casas, en el Estado, en las organizaciones e instituciones los abusos y las violencias a las que nos enfrentamos. Un pacto de machos que haciendo uso de su poder y sus privilegios pretende disponer de nuestros cuerpos de mujeres, mujeres afro, mujeres trans, lesbianas y no binaries, niñes y adolescentes, provocando heridas en cada una de nosotras y nosotres, y así en todo el tejido social.
Rompemos el silencio en las redes colectivamente porque no son y nunca fueron testimonios aislados. Exponemos prácticas que se perpetúan y reproducen cotidianamente, en las casas, en el carnaval, en el arte, en los centros educativos, en la política, en los sindicatos, en los lugares de trabajo. La catarata de denuncias nos muestra que son violencias generalizadas que atraviesan a la sociedad. Decimos ¡basta! Esto es una política colectiva que pone a raya lo que ya no admitiremos como normal. Una acción que instala el desafío de que en cada espacio se abra un proceso colectivo de justicia, que desarme la impunidad machista, que sea útil para sanar y crear espacios más vivibles para todes.
Rompemos el silencio porque estamos hartas y asqueades de cargar sobre nuestros cuerpos el dolor, el miedo, la culpa y la incomodidad.
Abrazamos y estamos para cada una de las compañeras y compañeres que se animó a hablar, para todas aquellas que pusieron su tiempo y escucha para recoger y publicar los testimonios. Confiamos en lo que sentimos y deseamos. No estamos solas, nos reinventamos en el encuentro con otras y otres. Nos escuchamos, nos acompañamos y sostenemos, y por sobre todo nos creemos.
Rompemos el silencio porque no estamos dispuestas a tolerar la cultura de la violación y el abuso. Porque sabemos que nombrar la agresión, el abuso y la violencia es importante para nuestro proceso de autocuidado y para que no le pase a nadie más. Aprendimos que es necesario constuir una justicia en clave feminista, una justicia que no nos revictimice y que trascienda las lógicas punitivas.
Rompemos el silencio porque aprendimos a tejer espacios donde hablarnos y escucharnos entre nosotres, donde sentirnos seguras y cuidadas, donde nuestros relatos resuenan en los cuerpos de otras y otres. ¡Estamos aquí para reafirmar nuestro pacto feminsta de cuidado y nuestro deseo de cambiar la vida!
¡Se va a caer porque lo estamos tirando! ¡Feminismos en las casas, en las calles, en las camas y en todas partes!