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Carla Moscatelli: "Hay que tener técnica para meterse en el barro"

La potencia de transformación de Carla Moscatelli como actriz la llevó a convertirse en una de las más singulares del teatro y cine uruguayo.

Carla Moscatelli puede habitar el silencio como si fuera un abismo o proyectar un grito que desarma al que sea que la escuche. Hace cosas muy difíciles como si fuera fácil, porque está muy entrenada en la permeabilidad y la presencia.

Es egresada de la EMAD. Fue becaria de la Comedia Nacional en 1994, ni bien egresó.Vivió dos años en Argentina y seis en México, donde trabajó en teatro para infancias. Al volver a Uruguay, en 2006, participó de Sinphoneta Infinita con La Tabaré y supo que nunca más se bajaría de los escenarios. En 2009 fue parte del elenco de Los padres terribles, de Jean Cocteau, con dirección de Alberto Zimberg, una obra que tuvo mucha vida y una recepción más que positiva, ganaron el Florencio a Mejor Espectáculo y ella obtuvo el de Mejor Actriz de reparto.

Como actriz de cine participó, entre muchos otros proyectos, en la serie Feriados, en la película Alelí, y fue la protagonista de Las vacaciones de Hilda de Agustín Banchero, una película hermosa y heterodoxa en su manera de narrar, en la cual compone un personaje silencioso, profundamente vital y también delicadamente misterioso. Este film tuvo su estreno internacional en el Festival de San Sebastián, y ella estuvo ahí para acompañar la proyección.

Se la pudo ver actuar en algunas de las obras que causaron mayor impacto en el público uruguayo en el último tiempo: Proyecto Felisberto de Mariana Percovich, If de Gabriel Calderón, Sala de profesores de Clara Larrobla y Lucía García, Zombi manifiesto de Santiago Sanguinetti, Tocar un monstruo escrita por Calderón. Este año viene de estrenar Plantar bandera de Federico Silva en la Sala Lazaroff y está a punto de estrenar Díptico de los padres en la Sala Verdi (Las entradas pueden adquirise aquí).

Dice que fue encontrando técnicas con los años, pero que su recurso siempre es ir a la emoción. Dice que somos lo que consumimos, tanto en la comida, como en el agua, como en el arte. Reivindica la importancia del juego y de lo inútil en una sociedad atravesada por el imperativo de la productividad y el rendimiento. Y que en escena además de jugar de verdad, de las cosas que más importan es escuchar.

Verla actuar siempre es una invitación a sentir procesos de empatía compleja, porque te enfrenta a los claroscuros de la condición humana en su complejidad. Pero además, siempre es un disfrute, porque se nota lo mucho que disfruta actuar, y eso se contagia. Quizá por eso es que más que una intérprete es una actriz creadora, porque su manera de habitar la escena siempre es generosa.

Compartimos en esta nota algunos extractos de la entrevista del episodio #13 de Atardecer naranja y los invitamos a verla completa por el canal de Youtube de Caras y Caretas. Todos los jueves, a las 18 hs, conversaciones con artistas y personas vinculadas a la cultura.

Embed - Atardecer Naranja #13. Carla Moscatelli

La actriz y el cuerpo

¿Qué sentís en el cuerpo antes, durante y después de actuar en un escenario?, ¿cuál es la diferencia en esos estados?

Desde el cuerpo, antes, lo que trato es de sacarme tensiones, y hacer un estiramiento, a mí me sirve estirar. O también activar los músculos, a la vez que relajás, pero lo relajás para que trabaje. Sacar tensiones que no tienen que ver con el personaje, sino que tienen que ver con lo que traes de donde vengas. Y los nervios que puedas tener. Después, previo a arrancar, sí voy buscando el tono muscular que necesito para la actuación que sea. Antes de entrar a escena, últimamente, tiene que ver con sacudirme un poco.

Durante la escena no soy muy consciente de lo que me pasa en el cuerpo. Tiene que ver con lo que me pasa con la obra, o con lo que me contesta o me brinda una compañera a un compañero, y que repercute en mí, en mi cuerpo. Y bueno, después de terminar la función, quedás en ese estado medio entremedio de las cosas, sobre excitada, sobre estimulada, y después bajás.

Siempre te intrigaron las vidas de los otros, los secretos escondidos en la mirada, la niñez que algunos ocultan y otros revelan, y que gran parte de tu trabajo tiene que ver con observar a los demás. ¿Cómo se entrena esa observación, cuál es la importancia que tiene en tu trabajo y cómo la aplicás al actuar?

Mirando. Sobre todo ahora que es más difícil estar así. Siendo curioso, preguntándote, y sobre todo no buscando respuestas reales. Porque de repente yo me hago toda una película de quién es. Eso lo aprendí. Fue lo que nos decía Nelly Goitiño, que fue profesora mía, y todos mis docentes, te decían, tenés que observar, tenés que atender otras realidades. Porque nosotros jugamos a mundos que no existen.

Nelly Goitiño nos hacía un ejercicio y hablaba de los zapatos de las personas, de cómo es la pisada. Entonces, mirar cosas que de repente el mundo no está mirando. Mirar los zapatos, mirar los edificios también. A mí me gusta mucho por 18 de julio, que está lleno de edificios de Art Deco. Y vos mirás esas fachadas y te imaginás otras épocas, te imaginás todo lo que transitó por ahí, que no está y que sigue siendo parte de la historia.

Me gusta observar y me gusta probar cosas. La comida. Las sensaciones que te produce una especie que no conocías, un gusto que no conocés. Animarte a probar cosas que no sabés si te van a gustar. Y después probarlas de vuelta, porque la primera vez que las probaste fue un impacto muy grande.

Además de a procedimientos técnicos, apelás a la emoción y a tu memoria para componer. ¿Sentís que la escena es un laboratorio de verdad o un laboratorio de ficciones?, ¿cuánto tiene tu trabajo de ponerse una máscara y cuánto de sacársela?

Depende del momento también de la creación. En un inicio hay mucha máscara. Todavía no sabés bien para dónde va la emoción. No sabés de dónde sacar los recursos. Yo construyo una imagen del personaje que soy, la construyo. No es que me veo en el espejo y digo, este es el personaje. Después veo las fotos y digo, lo que tenía en la cabeza era totalmente diferente. Yo trabajo con la cabeza, con lo que se ve. Y la emoción, sí, después encontrás el recurso para repetir esa emoción. Pero hay un tiempo de búsqueda de decir, bueno, ¿qué sonido, qué música, qué recuerdo, qué olor, qué cosa me hace llegar a la emoción que yo creo que el personaje está transitando en ese momento? Yo me la tengo que creer. Puede ser que técnicamente se vea bien, pero si no me la creo no la disfruto tanto.

A mí a veces me sale, a veces no me sale, pero prefiero ir a ese vértigo y a esa emoción genuina. De la que me puedo desprender después, no quedo tomada. Y digo, qué bien, puedo entrar en esta zona tan oscura y salir, está bueno.

¿Cuánto hay de técnica y cuánto hay de intuición al jugar el juego de la actuación?

Lo vivencial y lo crudo salen en improvisaciones. Ahí vas viendo y de repente un gesto, un tic es el que te da la puerta de entrada a todo un universo que ya tenías trabajado. Venís repitiendo el texto, escuchando al otro, recibiendo devoluciones, y de repente, hay un momento en el que todo eso está bastante sólido como para poder meterte en el barro.

Hay que tener técnica para meterte en el barro.

¿Cómo es tu vínculo con el oído y el silencio como actriz?

Es lindo cuando hay alguien en silencio en la escena. A veces nos da nervios a nosotros, creemos que tenemos que llenar todos los espacios, moverse. Es lindo el silencio corporal también, decir, estoy plantando acá, escuchándote.

El otro es una fuente inagotable de estímulos y de pensamientos para tu personaje. Si lo estás escuchando, estás concentrado en eso y te libera un montón de otras cosas de las que somos inseguros.

Estamos expuestos frente al público, a la crítica, a uno mismo, entonces, si estás con el otro de verdad, todo es mucho más fácil.

¿Y cómo es el trabajo con la respiración y la proyección que te permite llegar desde ese silencio a la intensidad del grito?

Eso es lo que te decía antes de cómo trabajar el músculo, cuidarte de estar bien apoyada, eso sí es técnica. Yo nací con la voz así, no es algo que me trabajé ni me enseñaron, tuve esta virtud que es que tengo un vozarrón. En los actos de fin de año yo estaba ahí adelante y todo lo que yo decía se escuchaba, podía ir al estadio, gritar, volver, hacer funciones. Sé que mi voz tiene un caudal que me permite estar desde el susurro y pasar al grito. Hay que estar preparado, eso sí, como graduarlo, tener cierta técnica en decir acá viene esto, primero me cuido, me afirmo y voy. El diafragma, el centro.

El grito está en la panza. Viene desde las entrañas.

Foto Lu Lee

Procesos, acuerdos y el arte como construcción de conocimiento

En Zombi manifiesto y Tocar un monstruo hacías personajes masculinos, ¿en qué medida esos procesos reconfiguraron tu visión de lo femenino y lo masculino?, ¿te parece que son útiles esas categorías para pensarlas desde la actuación?

Para mí lo masculino y lo femenino no es una división que aporte demasiado en la vida y tampoco en la actuación. Generalmente tiene que ver con cómo deberíamos ser más que con lo que somos. Es una imposición, yo por ser temperamental, por tener una voz fuerte, por valerme por mí misma, no necesitar que alguien me cuelgue un calefón, soy vista como algo masculino, ¿por qué no puedo hacer las cosas que se me antojen por tener un género?

¿Qué lugar le das al error o al accidente en tus procesos de composición? ¿cuál es la importancia de los ensayos en ese sentido?

A mí me encanta ensayar.

En un ensayo no hay error, es el proceso.

Venimos a fallar, tratás de no equivocarte, pero bueno, vas buscando hasta que encontrás el camino y empezás como a fijar ese camino. Eso es lo que está vivo, si no te equivocas es que no está vivo.

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Estás por estrenar Díptico de los Padres, y componés el personaje de una madre, a partir de un texto que tiene momentos más dramáticos, y tiene otros momentos poéticos, performáticos, ¿Cómo fue tu proceso de composición en esta obra, cuáles son los desafíos técnicos al actuar de repente también esos momentos más poéticos o más performáticos?

El desafío entenderlo desde dónde puede decirlo el personaje. No es me pongo en otro lugar, es qué puede estar sucediendo. Any, el personaje, aparece desde la visión del hijo, entonces más que lo que le pasa a Any, pienso es qué es lo que le pasa al hijo. Más que lo que hago yo Carla, es qué es lo que está haciendo Any a través de la cabeza del hijo. Son como facetas de Any las que hay, dentro de la misma escena sale un momento, entra y está en otro coloque, y es como desde una perspectiva muy del recuerdo. Si quiero cambiar de switch así tan intempestivamente, tengo que entenderlo en bloques de momentos, de saber desde dónde está vista esta mujer en este momento. Siempre lo pienso desde una realidad, no desde algo performático, se convierte en performático por el código que usamos.

También sos docente y has citado el ensayo de La utilidad de lo inútil de Nuccio Ordine, para reivindicar la importancia del juego y la curiosidad, ¿Por qué es útil lo inútil, cuál es la importancia vital del juego?

Yo creo que el juego, lo inútil, el hacer cosas que no sirven en teoría para nada, el Nuccio dice que es lo que nos convierte, nos desarrolla el razonamiento y el pensamiento.

El arte es lo que nos permite hacer cosas para contemplar, para decir qué bello, para disfrutar, para entretenerte. Eso es lo que nos hace que hagamos cosas que nos dan satisfacción, sin ninguna utilidad.

Y para mí es como que también la capacidad de poder resolver sola, es, no necesito que me digan cómo hacerlo, porque el juego nos inventa cómo hacerlo. Hay reglas, pero vos podés encontrarle la vuelta lograr con esas reglas lo que vos querés. Desarrolla la inventiva, potencia la imaginación y permite que después tengas respuestas a cosas que sí necesitas hacer.

Si tuvieras que contar cuál es tu saber de actriz, ¿cómo es que la actuación construye conocimiento?

Creo que construye conocimiento en el que vos nutrís, antes de llegar al personaje o de aprenderte la letra, hay un montón de cosas que vos construís del universo de ese personaje. El trabajo de mesa me parece súper interesante de decir, bueno, qué sabemos, por ejemplo, para hacer Díptico de los padres hemos hablado de salud mental, del vínculo madre-hijo, del complejo de Edipo. Vas viendo materiales o viendo películas o leyendo libros o llegando a través de otros personajes a cosas que no va a decir tu personaje, pero de los que sí va a estar cargado.

Y a partir de tu saber de actriz, ¿por qué el arte también construye conocimiento, cómo lo hace?

Y porque si vos lees una novela, un cuento, una obra de teatro, los personajes están viviendo emociones y esas emociones tienen que ver también con el entorno social que habitan. Eso es fuente de conocimiento. El teatro todo el tiempo está imaginándose y planteando otras realidades que no son las cotidianas. Hay que ser cuidadoso también en que yo no te quiero enseñar, yo no vengo acá a impartir conocimiento. Lo que sí es interesante es pensar que lo vos estás haciendo desde la escena es construir como otro universo y en el que en ese rato que estamos juntos creemos los dos, nosotros y el público. Es como un acuerdo también, llegar a ese acuerdo. Creo que desde el teatro lo que enseña es eso. A construir ese acuerdo.

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