“Lo más importante, a los efectos de avanzar en las investigaciones clínicas, es el alto perfil de seguridad reportado al ocasionar pocos efectos adversos”, resaltó a la prensa nacional, Diana García líder del programa de Neuroprotección de la División de Investigaciones Biomédicas del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB).
Si bien los resultados son prometedores, deberán confirmarse en estudios clínicos fase III y fase IV, que incluyan mayor número de personas aquejadas por esa dolencia, comentó García.
“Resulta importante subrayar que la combinación EGF + GHRP6 va dirigida en primer lugar a proteger el área del cerebro que se encuentra alrededor del tejido infartado (se conoce como zona de penumbra isquémica) en el caso del infarto cerebral”, explicó.
“Además de propiciar que las células más cercanas al núcleo o centro del infarto cerebral, no se afecten por la ola expansiva de productos tóxicos y de desechos que despiden aquellas destruidas a consecuencia del accidente cerebrovascular, ya sea por falta de oxígeno u otra causa”, argumentó.
“De igual modo, el efecto de la combinación remeda y potencia mecanismos endógenos de neuroprotección, y eso de por sí contribuye a garantizar la integridad y la homeostasis del tejido cerebral”, agregó García citada por el rotativo.
Para otras enfermedades neurodegenerativas, como la esclerosis lateral amiotrófica, el soporte trófico que representa la intervención con EGF + GHRP6, puede ayudar a enlentecer el curso tórpido e incapacitante de esta terrible enfermedad, dijo la Doctora en Ciencias.
“Si un solo enfermo se beneficiara con este tratamiento y lograra, tras sufrir un infarto cerebral, recuperarse y hacer su vida laboral y familiar normal, solo por eso valdría la pena el esfuerzo invertido en el proyecto CIGB-845”, sentenció García.