Vayamos a las relaciones internacionales, mi área. La gestión empezó con la promesa del TLC con China. Durante cinco años insistimos en que no se engañara a la gente. Un período de gobierno es menos que lo que lleva negociar un tratado de este tipo (gracias una vez más al Dr. Gabriel Quiricci por el curso que pude tomar sobre China -FVT-). Pero no hace falta un curso superior para saberlo.
Pasaba el tiempo, el gobierno no cumplía sus promesas y se cambiaron las expectativas: a puro marketing… El año pasado era “antes del 31 de diciembre la Carta de Intención”, obviamente sin explicar el significado de la misma: una expresión de voluntad con un listado de productos a progreso que quedarían fuera de los beneficios arancelarios del tratado.
Solo Perú, Chile y Costa Rica lo tienen en América Latina. (México tiene, con estilo propio, un acuerdo que le permite haber aumentado su comercio con la República Popular China). Ninguno lo negoció en un solo período de gobierno.
La crisis del Mercosur tuvo su segundo round. El primero había sido por Zoom en pandemia. Ahora en vivo en Argentina, Cuquito recibe la Presidencia pro témpore de Argentina. Pero esta vez a la postura pro bloque se sumaron Brasil y Paraguay. Y ahí quedo Uruguay, “más solo que Adán en el día de la madre…”. Y uno legítimamente se pregunta: ¿a cambio de qué?
Luego la lista. Basta revisar los títulos de las columnas semanales. La ida a ver Boris Johnson cuando le quedaba menos tiempo en el cargo que vida a la reina Isabel. ¡Ni a los funerales pudo ir! ¡Se fue antes! El saludo a Duque, cuando Petro ya era presidente. O al secretario de Estado Pompeo en EEUU cuando Trump ya había perdido y Biden había designado a Blinken. Votamos al candidato de Trump a la presidencia del BID y presenciamos su destitución por parte de un tribunal de ética.
Algo parecido se viene con Almagro.
Ahora que empieza el conteo regresivo, ¿no deberíamos saber quién está a cargo? Porque a esta inigualable lista de catástrofes y falta de juicio en las decisiones siguió el escándalo Astesiano. ¡¡¡Paah!!! “Cancillería no tiene nada que ver”. Es un tema de interior. Bueno, es del MRE, pero tampoco puede negarse darlo. O sea, no es de nadie. ¿Cómo va a ser mía la decisión que no puedo tomar? Cancillería no solo actuó bien, sino que hizo lo único que se podría hacer.
Muchas de estas afirmaciones a veces expresadas con la soberbia del tono de infalibilidad del presidente -a quien no en vano nuestro extrañado Tabaré Vázquez llamó por ello “Pompita”- se contradicen. Tanta plata gastada en marketing… algún empleado de Durán Barba podría listar cuáles siguen siendo ciertas y por cuáles hay que excusarse.
En estos días de forzada ausencia, estalló la bomba en cancillería. Siempre lejos del despacho del canciller. El escandalete llevó a que la vicecanciller Carolina Ache renunciara a su cargo. ¿Pero no era que se hizo lo único que se podía hacer? Si se hizo lo único que podía, ¿por qué renuncia?
Parece ser que otorgar un pasaporte a un uruguayo narcotraficante preso en Emiratos Árabes, por portar un pasaporte falso, era lo único legalmente posible. ¿Por qué la renuncia? Más aún: el Ministerio del Interior dice que advirtieron del peligro de otorgarlo al MRE, “único con competencias para otorgarlo en el extranjero”. Entonces, ¿por qué se fue? ¿Por hacer lo único que podía?
Cómo dice la chinita de “Bendita”, “¿quelés más?”. El Senador Peña anunció él, no Delgado, que Ache se iba y agregó: “Ya pasamos el nombre de quien va a ocupar el cargo, que pertenece a nuestro sector. ¿Cambió la Constitución? Los cargos pertenecen a sectores partidarios.
Por Dios, déjennos ayudar. Como decía Wilson, “al país, todo; al gobierno, lo que merezca”. Merezcan muchachos, merezcan. El mismo día que echaron las culpas de todo al Frente fueron, rabo entre las patas, a pedir una mano. Lo que estaba en juego era la imagen del país y se les ayudó. Pasado mañana empieza Lula y un año nuevo. ¡Arriba muchachos, déjense ayudar!