Con independencia de fundamentos, valoro particularmente la distancia que, desde una perspectiva liberal consecuente, incluso aquiescente con el macrismo, llega a concluir que “el odio y la guerra de Milei contra la política no discrimina, pudiendo volverse una guerra contra los argentinos”. Este análisis deja entrever una problemática teórica que dejo solo anotada. Percibo una utilización cada vez más frecuente del término guerra en sustitución de lucha. Sin duda la teoría de la guerra no resulta equivalente a la de lucha y en especial de clases. Pero pareciera que el Gobierno se esfuerza por amalgamarlas y permitir la inclusión de Carl von Clausewitz, el clásico teórico de la guerra, al acervo de autores de utilidad elucidatoria, particularmente cuando la hegemonía se construye casi excluyentemente con coerción para implementar la política por tales violentos medios. Parecen comprender algunas nociones rudimentarias de Gramsci, a quien suelen mencionar despectivamente. Culminando el mes, la ministra de Seguridad, que ya exhibió prácticas sanguinarias en escaladas represivas, echó a su mano derecha, exjefe de su campaña en la provincia de Buenos Aires, porque “llevamos adelante una práctica de a todo o nada, y él tenía cierta incomodidad. Tiene una idea más de negociaciones, donde cedés cosas para conseguir otras, y ahí terminás perdiendo la capacidad de conducción”. Resulta estremecedor inferir el alcance de esa práctica de “todo o nada” luego de despedir a un funcionario de confianza por lo que entiendo como tibieza, si recordamos recientes intervenciones con gas pimienta, balas de gomas, carros hidrantes y motos atropellantes sobre escasos manifestantes. Pareciera comprender que las principales batallas de tal guerra, se desarrollarán en las calles, antes que en las negociaciones colectivas de trabajo, o en el Parlamento. Antes en la cultura y el lenguaje, que en la Justicia.
Desde las primeras intervenciones represivas a los actuales preparativos, parecen haber leído y comprendido aquel libro clásico del Cordobazo y el ascenso popular “Lucha de calles, lucha de clases”, de Beba Balvé, Miguel Murmis, Juan Carlos Marín y otros, que analiza particularmente los antecedentes al “Cordobazo” del año ‘69, los hechos insurreccionales y la continuidad de las movilizaciones y luchas del ‘71. No porque sea el primero en analizar fenómenos insurreccionales sino por haber enfatizado el lugar preponderante del dominio de la calle y lo público en la protesta. La historia argentina moderna está arraigada por experiencias populares insurreccionales con consecuencias inmediatas o mediatas. Solo recordar, sin pretensión de exhaustividad ni de balance preciso, que el 17 de octubre del ‘45 una multitudinaria movilización obrera y sindical a Plaza de Mayo logró no solo la liberación del entonces coronel Perón, arrestado por los sectores más conservadores de la junta militar gobernante que él mismo integraba, sino un rápido llamado a elecciones en las que se impuso. El “Viborazo” del ‘66 fue una insurrección estudiantil platense contra la intervención de la universidad por la dictadura del Gral. Onganía que antecedió a la represión de “la noche de los bastones largos” en Buenos Aires, el “Cordobazo” precipitó la caída de Onganía y la sucesión de dictadores que finalmente dieron lugar a elecciones que permitieron el retorno del peronismo al poder. Y probablemente la más importante de diciembre de 2001, el “Argentinazo”, que impuso una revocación fáctica, llevándose consigo la sucesión de 5 presidentes hasta el llamado a elecciones en las que triunfó Néstor Kirchner. Pero a diferencia de las precedentes, dejó un sedimento de organización popular en asambleas barriales que, si bien fueron debilitadas por una política cooptativa por parte de las organizaciones de izquierda y por la propia reinstitucionalización política, le otorgó sustento y presión a la nueva gestión. En el origen de todas ellas, la calle fue un instrumento fundamental.
Marzo pone en la agenda dos antecedentes movilizatorios que deberán verse potenciados. El cada vez más imponente 8M, día de huelga internacional de las mujeres y marcha antipatriarcal por la igualdad, y el 24M, marcha del “Nunca Más” en repudio al último golpe que inaugura el Estado terrorista. Serán oportunidades para exhibir resistencia a partir de la masividad y la apropiación de la calle en magnitud tal que haga imposible o de altísimo costo político reprimirla, para lo cual será indispensable que se contenga a quienes creen que enfrentar cuerpo a cuerpo a policías pertrechados con las mejores tecnologías ayuda, tanto como cuidar la infiltración de provocadores. Quizás se logre el carácter festivo y de buenos augurios que el Idus de marzo tenía para los romanos.
En auxilio de la indignación y -espero- de la masividad de la próxima manifestación, el Gobierno decidió cerrar el Instituto Nacional contra la Discriminación (Inadi) que entre otras cosas debe monitorear los exabruptos discriminatorios del presidente. Por otro lado, el exgobernador de Jujuy y expresidente del partido radical, con profusos antecedentes represivos y de manipulación de la Justicia para la persecución de opositores, logró procesar a dos militantes y aparentemente una tercera, por emitir un tuit en el que sugería una infidelidad de su esposa. Más allá del mal gusto del posteo y de hacer público algo de interés exclusivo para los involucrados, sufrieron 53 días de tortuosa reclusión. Algo no solo monstruoso sino inexplicable. Rematando el absurdo, el vocero presidencial anunció en conferencia de prensa que por decisión presidencial “se iniciarán las actuaciones para prohibir el lenguaje inclusivo y todo lo referente a la perspectiva de género en toda la administración pública nacional. No se podrá utilizar la letra e, la @, la x, y habrá que evitar (¡textual!, no se prohibieron los errores gramaticales ni la indigencia oratoria del dicente) la innecesaria inclusión de lo femenino en todos los documentos de la administración pública”. Lo uso para mis comunicaciones escritas en la Universidad hace más de 20 años, no por comodidad, ya que no me surge naturalmente y me obliga a revisar, mucho más si debo hablarlo. Pero es el costo por compartir el fundamento de desarmar la infición patriarcal en el lenguaje y la defensa de su carácter mutante, en este caso crítico y emancipador. Mi facultad adoptó en 2019 una resolución autorizándolo en cualquier texto, incluyendo las tesis doctorales. Como si nos faltaran motivos para resistir, agregaremos el rechazo hacia un puñado de ignorantxs, discriminadorxs, violentxs, embrutecedorxs y payasescxs, quienes además no consiguen aún dominar las reglas sintácticas, gramaticales y de buen uso de las conservadoras normas lingüísticas de la RAE.
¡¡¡¡Bárbarxs!!!!