Las contramarchas de Milei
El actual presidente Milei inició su inserción a la “casta” política dos años antes, cuando asumió como diputado.
En ese entonces sorteaba su dieta mes a mes a ciudadanos de a pie que se postulaban para recibirla. En campaña electoral sostenía que, en beneficio de los argentinos, perjudicaría a la casta con el rigor del ajuste. Sin conocérsele actividad laboral –al menos hasta la puesta en venta de las candidaturas a cargos electivos en su partido– que justificara tal caridad, abandonó el gesto junto con la banca para asumir en el Poder Ejecutivo, decidiendo (con derecho) apropiarse de su salario con el argumento de que se trata de su único ingreso pecuniario. ¿Y antes? Algunos síntomas de que la casta no resultaría necesariamente castigada en sus privilegios comenzaron a ver la luz en febrero. Por caso, el presidente de la Cámara de Diputados, sobrino del expresidente Menem, designó a su propio sobrino de 23 años, y ninguna experiencia de gestión, como director general en la secretaría privada de la presidencia de la Cámara con un salario casi equivalente al de un diputado. Otra joven de la misma edad, igualmente inexperta y con salario superior aún, fue nombrada por Milei directora del Registro Nacional de las Personas (Renaper), organismo encargado de la identificación de los habitantes del país y de la emisión del documento nacional de identidad (DNI) y el pasaporte, algo particularmente sensible en ambas orillas del Río de la Plata. Designaciones éstas que a simple vista coliden con la declamada austeridad y severidad hacia los cargos políticos y particularmente con la sucinta respuesta de Milei a toda demanda de recursos como que “no hay plata”.