Lorenzo Carnelli y el derecho a la existencia
Hoy por hoy, la figura de Lorenzo Carnelli es la de un gran olvidado. Mucha agua ha corrido bajo los puentes de nuestras estructuras político-partidarias, y la mayor parte de quienes ansiaban la plasmación de los grandes conceptos de la justicia social terminaron por irse, medio siglo después, a las filas del Frente Amplio. Pero en su momento, Carnelli la tuvo muy difícil. No lo quiso, o lo aborreció más bien, el herrerismo. No terminaron de simpatizar con él ni el batllismo ni las ya nacientes izquierdas del Partido Socialista y el Partido Comunista. Hasta con Vaz Ferreira sostuvo una apasionada discusión (o más de una). Pero supo elevar su voz y sembró ejemplo. Fundó la corriente del radicalismo blanco a comienzos del siglo XX y en muchos sentidos se transformó en el famoso tábano socrático, molesto a más no poder, especialmente para un puñado de conservadores (así se llamaron a sí mismos), entre los que se contaban, en primera línea, Luis Alberto de Herrera por el partido blanco y Pedro Manini Ríos por el partido colorado, a través del riverismo. “Ante la tradición no hay más que dos grandes partidos: blanco y colorado”, expresó en una famosa conferencia, en 1925. “Ante la cuestión social no hay tampoco más que dos grandes tendencias: avanzada y conservadora”.