En la situación actual resulta aún más relevante la exigencia a Japón de que admita su culpa por haber lanzado la agresión militar en el Lejano Oriente y los resultados de la Segunda Guerra Mundial en su totalidad. Vale la pena recordar que la misma adhesión de Japón a la ONU en 1956 fue posible sólo después del consentimiento de la URSS, con la condición del cumplimiento estricto por este país de todas las provisiones de la Carta de la organización mundial.
La posición asumida por Alemania, Italia y Japón, así como algunos otros Estados que lucharon en la Segunda Guerra Mundial contra los países de la coalición antihitleriana, demostró claramente el carácter prematuro de las discusiones sobre la exclusión de la Carta de la ONU de las fórmulas sobre “Estados enemigos”. Los resultados de la votación sobre la resolución arriba mencionada serán determinantes para Moscú en la elaboración de las posiciones rusas hacia el tema de apoyo de las candidaturas de Estados que aspiran a ser elegidos como miembros permanentes y no permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, inclusive en el marco de las discusiones sobre la ampliación de este órgano que, según el artículo 24 de la Carta de esta organización, tiene “responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales”.
Teniendo en cuenta los resultados de la votación, el deber de los Estados miembros de la ONU de “preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, manifestado en la Carta de esta organización, consiste en recordar a los que lucharon en la Segunda Guerra Mundial contra la coalición antihitleriana de la necesidad de mantener su complejo de culpa histórica por los crímenes de guerra y de lesa humanidad.