Realmente, no recordamos a la oposición haber esbozado ni un ápice de autocrítica. Sólo estadísticas que se acumulaban sin cesar y, en el caso de los robos y las rapiñas, sospechosamente no coincidían, en algunos casos, con lo reportado por la Fiscalía.
Es decir, ni blancos ni colorados, ni el insignificante Partido Independiente, admitieron que habían fracasado. Ahora, sin explicitarlo, parecen estarlo admitiendo subliminalmente cuando se alarman por problemas no resueltos y afirman que el Gobierno está en “modo avión”, un expresión vulgar digna de un mediocre como Andrés Ojeda, hoy encumbrado en la decadente colectividad riverista, que se quedó sin referentes tras el retiro del expresidente de la República Julio María Sanguinetti y la deserción de Ernesto Talvi, el malogrado excanciller de la República, quien emigró inicialmente a España y ahora desempeña un rol de confianza en el gobierno de Javier Milei.
El Partido Colorado, que es una montaña que se desmorona desde 2004 hasta devenir en un mero montículo, luego de la crisis del 2002 que derivó, en 2004, en la peor votación de su historia, parió un mero leguleyo ramplón totalmente carente de carisma y de experiencia, quien ganó la elección interna del coloradismo con menos sufragios de los obtenidos por la blanca Laura Raffo, que fue arrasada en la interna del nacionalismo.
Este espécimen apenas rosado cosechó menos de la mitad de los sufragios que obtuvo el actual presidente de la República, Yamandú Orsi, en la primera vuelta electoral de octubre y luego, un mes después, sumó su apoyo a la candidatura de Álvaro Delgado, confirmando que es apenas un patético furgón de cola del Partido Nacional. Sin embargo, se cree con derecho a criticar al gobierno de la primera fuerza política del país, pese al triste papel que ha desempeñado su partido en las últimas dos décadas.
Pocos días después, el senador colorado volvió a fustigar al oficialismo, aludiendo a su presunta falta de rumbo en materia de seguridad y a su supuesta inacción para atender a las personas en situación de calle, pese a que, el año pasado, el Ministerio de Desarrollo Social amplió en un 50 % los refugios y ya tiene listo un plan integral para abordar esta problemática, lo cual no sucedió en el período pasado. Incluso, durante el gobierno de Luis Lacalle Pou, integrado por el furgón colorado, creció la pobreza y también aumentó un 48 % la población que vive a la intemperie.
En cambio, el vapuleado plan de seguridad pública del Gobierno, que recogió algunas propuestas de la oposición y está integrado por siete ejes y 130 medidas, aborda el tema desde todas las dimensiones posibles: la preventiva, la represiva, la social y, naturalmente, la educativa. ¿Qué relación tiene la delincuencia con las personas en situación de calle? Mucha, ya que algunos de los uruguayos que pernoctan en la vía pública son excarcelados que no tienen a dónde ir y carecen de vínculos familiares. En ese contexto, o reinciden y vuelven tras las rejas o en cambio se dedican a la mendicidad. Si el Estado no se hace cargo, esto seguirá siendo una noria, porque los establecimientos carcelarios no rehabilitan y la reinserción es compleja e insume tiempo.
El abordaje de esta problemática debe ser preceptivamente social, porque si no se combaten las causas, como se anunció en la campaña electoral, es inevitable que las consecuencias sean las mismas. Como lo señaló el ministro Negro, si se sigue haciendo lo mismo, el resultado será el mismo. Es decir, un estrepitoso fracaso y, en ese marco, las organizaciones criminales que se dedican el negocio del narcotráfico seguirán utilizando a parte de los uruguayos periféricos como ejército de reserva.
En tal sentido, será sin dudas muy significativa la expansión del programa “Más Barrio”, con el propósito de intervenir en zonas de alto riesgo, priorizando la reinserción social, educativa y laboral, a los efectos de evitar el reclutamiento de jóvenes por parte de bandas criminales.
Incluso, el proyecto gubernamental pone mucho énfasis en la convivencia, ya que en muchos casos la violencia se origina en conflictos interpersonales, aunque la más explícita sea, por ejemplo, la de los ajustes de cuentas entre delincuentes.
Otro aspecto muy relevante contemplado en la iniciativa es el relativo a la tenencia de armas, aumentando las regulaciones y disminuyendo la circulación. En este tema, que es clave, el Estado ha estado realmente muy omiso.
Asimismo, es prioritario, y el proyecto así lo contempla, combatir con energía el lavado de activos, por más que la oposición le amputó las manos al gobierno no votando en el parlamento la flexibilización del secreto bancario. No se puede tener dos discursos, porque para priorizar el combate a esta práctica ilegal se debe contar con nuevas herramientas y si la oposición no otorga sus votos se coloca en una posición incómoda, como si estuviera amparando a los lavadores de activos.
Más allá que la represión y el encarcelamiento siguen siendo estrategias válidas y en algunos casos indispensables, si no se asume, de una buena vez, que en el fenómeno de la delincuencia subyace casi siempre un trasfondo social, todos los esfuerzos del Estado por reducir los niveles de violencia serán en vano.
Hace 32 años, el Partido Colorado, liderado por Julio María Sanguinetti, ganó las elecciones nacionales y desalojó al Partido Nacional del poder, agitando el tema de la inseguridad. Por ende, como la derecha también fracasó, debería mirarse al espejo antes de criticar sin aportar nada sustantivo.