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Columnas de opinión | Perfume

Perfume de victoria o el mito del triunfo

Cuando un aroma se expande en la sociedad un perfume insistente y global, seductor y cautivante, estamos frente a un posible resultado electoral.

Cuando hablo de perfume, ¿descarto las “ideas” o “consignas”? No, el aroma las contempla; es una suerte de humor dominante construido por un conjunto de elementos que incluye no es menor las expectativas e ilusiones del ciudadano. Además de esas cuestiones tan a flor de piel como emociones (el odio, por ejemplo). Conclusión: el “aroma” dominante es la combinación de diferentes factores a partir de la intervención exitosa en la conversación pública.

Historias que encarnan ideas

En un reciente libro, llamado “La crisis de la narración”, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han con una fundada actitud frente a la realidad “líquida” que transitamos reflexiona acerca de las herramientas dominantes en el mercado de la opinión pública y advierte que las velocidades de nuestra sociedades define que el ciudadano esté más pendiente de lo inmediato, “en lugar de pasear la mirada por la lejanía y dejarla reposar en ella”. (El filósofo surcoreano parece haber bebido de los escritos de Walter Benjamin, un pensador alemán que reflexionó sobre una actitud del parisino frente a una nueva ciudad. Así nació el término flâneur que significa 'paseante' o 'callejero', un ciudadano que vaga por las calles sin rumbo, abierto a todas las vicisitudes y las impresiones que le salen al paso. Un tipo de reflexión que Julio Cortázar inmortalizó en su novela “Rayuela” con una dama, “La Maga”, que el protagonista encontraba siempre de casualidad, mientras vagaba por las calles de París).

Byung-Chul Han dice: “La información no dura más que el momento que nos cuesta enterarnos de ella”. Así cuestiona la técnica comunicacional llamada “storytelling”, consistente en contar historias. Es una técnica que tiene como objetivo transmitir un mensaje por medio de la narración de sucesos, provocando una reacción determinada en el receptor (tristeza, rabia, alegría, preocupación…) que le permita conectar emocionalmente con él. Nada nuevo, salvo la denominación en inglés.

El tema se complejiza el presidente Lacalle ha sido un experto en la gestión de esto cuando el “storytelling” se combina con el “storydoing”, que consiste en hacer tangibles los valores que representa una marca (un candidato, un partido) mediante la creación de experiencias vitales que reflejen que el sujeto-marca predica con el ejemplo. (Ej. El “me hago cargo” de Lacalle te lo cuenta en vivo y en directo, estando casi todos los días en lugares distintos, protagonizando hechos políticos pequeños y grandes).

En la construcción del humor ciudadano todos estamos expuestos a esas técnicas narrativas. Lo interesante de esto es que lo que se hace con las mencionadas técnicas tiene mucho que ver con la historia, la coyuntura y los valores potentes que operan en el subsuelo de las sociedades. Aquí bien vale detenerse en lo que escribió Robert Worcester y que recogió Manuel Mora y Araujo en sus dos tomos de “El poder de la conversación”: “Las opiniones son las ondas en la superficie del conocimiento público, superficiales y fácilmente modificables; las actitudes son las corrientes debajo de la superficie, más profundas y más fuertes, y los valores son las mareas profundas del humor público, lentos para cambiar pero poderosas”.

Milei como maestro de ceremonias

¿Quién duda de que el presidente argentino es un hijo maravilloso de la combinación de técnicas narrativas, a las que sumó un acting seductor desde lo disruptivo? ¿Quién duda de que por todo eso fue posible que creciera y enamorara en el marco de determinada circunstancia histórica y cultural en Argentina?

Tenía todo: fue golero, tuvo una banda de rock, tiene melena (el logo del león le calzó perfecto), una vida privada compleja y enigmática, un discurso rupturista y una conducta, por momentos, jovial y adolescente.

Ahora bien. Todo eso hizo posible que creciera en una Argentina rota y desilusionada. Ese fue el marco. Milei les trajo ilusión en una circunstancia extraña: combinó ilusión con recesión. Rara combinación: la ilusión es certeza. Tocó fibras emocionales de la Argentina descreída. Le creyeron, le creen; confían hay quien sostiene que es por poco tiempo y mantiene así, a golpe de actos marketineros, una alta adhesión mientras destruye al macrismo y desorienta al peronismo. A tal punto los desubica a los hijos de Perón, que Milei parece haber capturado a los “descamisados”, el núcleo mítico del general y Evita. O sea: ¿Milei peronista?

Milei supo construir un “perfume” global en la Argentina desquiciada y, además, el “perfume” fue acompañado del “mito de la victoria”: “Voy a ser presidente”, reiteró. El aroma dominante llegó hasta la Quiaca y sepultó, nadie sabe por cuánto tiempo, otro aroma que subyace en el inconsciente subterráneo de la sociedad argentina: el peronismo. Quizás Milei lo reinterpreta en clave de nuevo siglo.

La narrativa liberal radical

Hoy en Uruguay, a esta hora y este día, no hay un perfume dominante. Hay insinuaciones. Están en disputa dos fragancias. En el bloque progresista, parece estar adquiriendo poder ilusiona, enamora una dupla, la de Yamandú Orsi y Carolina Cosse, que combina discurso con estructura. Alguien del MPP ha dicho: “Ganó nuestro discurso”. Es una mirada simplificada de un fenómeno político tan complejo como es la captura de un voto. Hago este razonamiento: Si un candidato tiene un gran discurso poderoso en ideas y sensibilidades pero no tiene estructura militante, combativa, infantería de ideas y hojas de votación, el discurso se cae como un piano. Orsi y las fuerzas que lo acompañaron, el MPP fundamentalmente, lograron una cuestión que sólo se puede dar en esta “penillanura suavemente ondulada” y pequeña: trabajar en territorio en forma eficaz, mientras tensaba las otras herramientas narrativas. La capilaridad afectiva se logra en la micropolítica del territorio y no por X (antes Twitter). (Advierto y asumo: Milei no tenía estructura, ganó él solito con la masificación que logró con su espectacularización del discurso).

De aquí a octubre, el Frente Amplio tiene como desafío construir el aroma de la victoria, esa fragancia que pareció enamorar en las internas, logrando un alto guarismo de votantes. (Vale recordar el perfume de 2004 que inundó Uruguay más allá de los votos que obtuvo el Frente Amplio).

En la orilla de enfrente, Delgado y Ripoll que encabezan la fórmula del bloque liberal conservador tienen por delante una dura tarea, sobre todo tras hacer una riesgosa jugada al nombrar a una exdirigente sindical y de Adeom, para mayor precisión, como su candidata a vice.

Lo interesante es que Delgado y Orsi tienen un mismo talante: se muestran conciliadores y no derrapan en radicalismos verbales. Ambos, entonces, transitan el eje liberal del país y solamente sus antecedentes y fuerzas (políticas y sociales) que los apoyan definen el tono de sus respectivos modelos.

Es interesante esta confrontación, parece, porque existe una disputa de fragancias en el eje liberal del país. Frente a comportamientos poco republicanos de algunos exponentes del bloque liberal conservador, la izquierda vaya paradojal cuestión quedó como defensora de valores liberales republicanos, como el respeto a las instituciones y a la Justicia. El eje liberal se desplazó a la izquierda.

Francia obtuvo las fórmulas de los perfumes egipcios que estaban escritos en una cripta en el desierto. Capturó las fórmulas que contenían flores autóctonas como el lirio, el iris, el mirto, el loto blanco y el loto azul, entre otras y así nació la potente industria de los perfumes franceses. En el perfume victorioso de octubre-noviembre, parece claro que el liberalismo radical y republicano será un componente relevante en la fórmula.

Marcelo Bielsa, técnico de la selección uruguaya de fútbol, ha dicho: “Es propio de la condición humana. Nos acercamos al que huele bien, y el éxito siempre mejora el aroma del que lo protagoniza. Y nos alejamos del que huele mal, y la derrota hace que seamos malolientes”.

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