Debajo de la superficie
Los valores de una sociedad son poderosos y muy difíciles de modificar. Esos procesos debajo de las superficies de las opiniones y los decires son lentos, se mueven con parsimonia. Las opiniones son más fáciles de cambiar que los valores, ha dicho el inglés Robert Worcester[2] . Y en Uruguay, con la estabilidad política existente, esos valores perduran más. Las lealtades son poderosas y difíciles de romper. Pertenecer a una identidad es una forma de vida: soy esto porque no soy aquello. Existo en tanto existe lo que no apruebo. Hay razones, argumentos y cosas que no tienen explicación. Soy y chau.
En las últimas elecciones de 2019, los dos bloques se configuraron con mayor nitidez y claridad en tanto se presentó la Coalición Multicolor con varios partidos en su seno, liderados por el Partido Nacional y una élite conservadora y empresarial que supo articularse políticamente y ocupar eficazmente un espacio del mercado de las sensibilidades y las emociones (con el agregado del componente oligárquico militar, aquel que supo expresarse en 1971 y que tuvo su punto culminante con la ruptura institucional de 1973). Por tanto, las expresiones autoritarias, con cierto nacionalismo católico y exposiciones de la oligarquía del campo, no son novedosas en el país. Viene de aquellos tiempos; valores que circulan por debajo de la superficie y que asoman cuando se dan las condiciones. Existen. No son un invento de Manini Ríos. Él los interpreta. Carlos Real de Azúa supo escribir con lucidez que en los albores de la Patria, como en el resto del continente, hubo una “hegemonía económico-social de los sectores empresarios agrocomerciales”, entrelazada con la Iglesia y las Fuerzas Armadas. Dijo además: esa relación no tuvo la misma consistencia que en otros países, pero existió. Tanto que esa alianza logró la victoria en las elecciones de 2019. Lo interesante es que ese bloque de poder no tuvo expresión política única en un partido en el siglo XX. Pero ahora sí, en una coalición. En el seno de ella hay valores que vienen del fondo de la historia. Sensibilidades, emociones, ademanes, símbolos. Esa es la audiencia a la que seduce Lacalle.
NOTA. En la próxima entrega, trataré de explorar cuales son las claves de ese universo conservador, liderado por una élite política, oligárquica y empresarial que sintoniza en su discurso con elementos sensibles de buena parte de la sociedad uruguaya. Y ahí, a mi juicio, se verán las virtudes que sabe interpretar y expresar el presidente Luis Lacalle y su elenco multicolor.
[1] Cuadernos del Claeh (1984).
[2] El poder de la conversación. Manuel Mora y Araújo. (2012).