Combatiendo al coronavirus con túnica y cucharín
Por Ricardo Pose
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Por Ricardo Pose
Vamos a agradecer la frontalidad del Dr. Asqueta; estas son situaciones en que uno necesita gente que diga las cosas sin vueltas y no genere falsas expectativas.
Se desprende de sus palabras que el gobierno decidirá un gran sálvese quien pueda.
Las palabras de Asqueta son más propias de un capitán cuyo buque va a zozobrar que de un responsable institucional de políticas públicas.
Asqueta asegura que entre los niños que empiecen las clases y entre los trabajadores de la construcción va a haber nuevos contagios, pero fundamenta que esa es la nueva estrategia que está implementando el gobierno, viendo la experiencia en otros países.
Según explica, parten de la base de que el virus no se puede eliminar, pero sí controlar y que apuestan a lograr la inmunidad de las personas generando anticuerpos, pero para eso se necesita que el virus ingrese a los organismos, al menos mientras no exista la vacuna.
Dice gráficamente que el virus no se puede enterrar en un pozo, que ocuparán claramente seres humanos, y en mayor número si seguimos por este camino.
Hay dos elementos que, en su personal convencimiento, Asqueta pasó por alto.
El primer elemento es que la estrategia que le plantean sus asesores no es la única usada en el mundo, y que en los lugares donde se apostó a ella, tuvo resultados catastróficos por las mismas razones que hacen que el propio Asqueta no pueda ser categórico.
Plantear que “si esto no se sale de control” es el camino que vamos a usar es encender un cigarro en una estación de venta de combustible.
Entiende que el numero de contagiados es razonable para las valoraciones que diariamente realizan los expertos que asesoran al MSP.
Modular el contagio es el concepto que reafirma constantemente para que los internados y muertos sean los menos posibles.
Las idea es evitar que haya cuellos de botellas en el sistema de salud, aunque realiza una afirmación que evidencia sus posibles dudas: “Entonces, sabiendo que esto se va a expandir, sabiendo que va a ascender (que esperemos no sea exponencial, sino algorítmico, como hasta ahora), queremos que se vayan sumando las cantidades y no multiplicando”.
Plantea que mas allá de que hayan hecho las cosas bien o mal, es esperable un pico para mayo con el comienzo de los fríos y el aumento de las enfermedades respiratorias.
“Todos nuestros expertos nos dicen que esperemos el pico. Que si va a ocurrir la circulación, que empiece en forma lenta y sostenida. Que no ocurra todo de golpe”.
A Estados Unidos, Suecia, Holanda e Inglaterra les ha ido muy mal por el camino que el “clandestino” equipo asesor de Asqueta sugiere que siga el Ministerio de Salud Pública.
Clandestino porque nadie conoce quiénes son los asesores matemáticos y estadísticos, y queremos creer, infectólogos y epidemiólogos, que deberían representar toda la diversidad de visiones posibles.
Estados Unidos tiene ahora el mayor número de muertes en el mundo por Covid-19. Los estadounidenses continuarán muriendo en grandes cantidades hasta que nuestro país presente una respuesta coherente a la epidemia.
Solo se necesita una comparación directa del número de muertos de Estados Unidos con el de los países asiáticos para comprender la magnitud del fracaso de la administración Trump. Estados Unidos ahora tiene alrededor de 62 muertes por millón de personas. Mientras tanto, Hong Kong, Japón y Taiwán tienen menos de una muerte por millón de personas; y China, Corea del Sur y Singapur tienen cada uno menos de 5 muertes por millón. La India también tomó medidas decisivas, con un bloqueo nacional completo que comenzó el 24 de marzo, cuando solo se habían registrado solo 10 muertes en un país de 1.300 millones de personas. A la fecha, India tiene 9.240 casos confirmados y 331 muertes reportadas, o 0,2 casos por millón, y los hospitales no están llenos de pacientes como ocurre en Estados Unidos.
El segundo aspecto es que en el imaginario colectivo de un pueblo, cuando deposita en sus gobernantes, entre otras responsabilidades, la seguridad de la salud pública, lo que menos espera es que le digan: “Definan quién de ustedes va a morir”.
Se desprende esa sensación cuando Asqueta dice: “Por normalidad entendemos que un alto número de uruguayos esté contagiado por el virus -algo que va a ocurrir- y que el porcentaje de internados y fallecidos sea un número estadísticamente controlable y acotado. El país podrá volver más prontamente a la normalidad en la medida que esto se maneje”.
El secretario de Presidencia, Álvaro Delgado, consultado por las declaraciones del Dr. Asqueta, dijo que el gobierno “tiene que ser muy claro en el mensaje” ante el Covid-19 y que “sigue manteniendo la misma posición: quédate lo más posible en tu casa”. Lo de Asqueta “es una opinión técnica”.
Sin embargo, la medida que Asqueta ejemplifica, en abrir y cerrar la canilla con respecto al aislamiento social, es la apertura de la canilla, “la fase ON” que el gobierno definió con el retorno de los trabajadores de la construcción y la vuelta a clases en la escuelas rurales.
Asqueta lo dice claramente: habrá contagiados entre los niños y los trabajadores de la construcción. Y aunque no lo diga, parecen ser los sujetos que necesitan para probar si el contagio generará los anticuerpos que, dicen, debe pasar a tener buena parte de la sociedad.
Sería digno de un gobierno, y una señal inequívoca de confianza, que todo el equipo gubernamental, ministros, asesores, funcionarios de confianza, ocuparan el lugar de los escolares y los trabajadores de la construcción. Que demostraran el coraje a favor de la patria y expusieran su cuerpo y la salud de sus familiares.
Pero la patria los necesita vivos, aunque sean los únicos que queden como población.
Porque lo que une el discurso de Asqueta, Delgado y las no conferencias de Luis Lacalle, es evitar una economía, que quede en migajas.
No la economía del país, porque no es cierto que recibieron un descalabro económico, por que apostaron a financiar el combate a la pandemia generando un fondo de algunos dineros públicos y cierto respaldo en las ollas populares que le sacaron las castañas del fuego al Mides.
Porque aunque ellos mismos dicen, sobre todo Asqueta el asesorado, que el aislamiento evitaría claramente mas internados y muertes, no se puede seguir paralizando el país, su economía, o, mejor dicho, los intereses económicos dominantes de la sociedad; necesitan un sacrifico en vidas y en salud de parte de la misma.
“Es bueno trabajar y de esto se sale también trabajando”, dijo el presidente de las Cámaras Empresariales, Gerardo García Pintos.
Pero, si acaso tuvieran razón y no queda más remedio que seguir el camino de Estados Unidos, de Inglaterra, en algún punto de Italia, sería bueno saber cuantos ataúdes son la meta del gobierno.
Porque queremos creer que al menos, como dijo el propio ministro inglés antes de caer enfermo: “Inglaterra puede soportar hasta determinada cantidad de muertos”.
Teniendo ese número claro, el humor social será otro, sintiendo que quienes integran nuestra población de riesgo se juega una especie de ruleta rusa cada jornada.