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Cuando la estética también genera desarrollo

El auge de este mercado responde a un profundo cambio en los hábitos de consumo. El cuidado de las uñas dejó de ser un lujo ocasional.

En un mundo donde la inteligencia artificial y la automatización amenazan con sustituir millones de puestos de trabajo, cobra cada vez más importancia mirar hacia aquellos sectores que, además de crecer, continúan siendo intensivos en mano de obra y generan oportunidades reales de empleo. Uno de ellos, muchas veces subestimado, es el de la estética y el cuidado personal. Lejos de ser una actividad superficial, la estética de uñas se ha consolidado como un sector económico dinámico, con capacidad para crear autoempleo, impulsar pequeños emprendimientos y favorecer la inclusión laboral, especialmente de mujeres.

El auge de este mercado responde a un profundo cambio en los hábitos de consumo. El cuidado de las uñas dejó de ser un lujo ocasional para convertirse en una práctica habitual de bienestar y autocuidado. Las redes sociales, las nuevas tendencias de moda y la creciente valoración de la imagen personal impulsaron un sector que hoy mueve millones de dólares en el mundo y que en Uruguay registra una demanda sostenida durante todo el año.

Pero detrás de cada salón de uñas hay mucho más que esmaltes y diseños. Hay trabajo, capacitación, inversión y emprendedoras que construyen su propio proyecto de vida. Se trata de una actividad con una barrera de entrada relativamente baja, que permite iniciar un negocio con una inversión acotada y generar ingresos rápidamente. En un contexto donde muchas personas encuentran dificultades para acceder al mercado laboral formal, este tipo de actividades representan una puerta de entrada al empleo y al desarrollo económico.

El fenómeno también ha estado fuertemente marcado por la migración. Mujeres provenientes de Venezuela, Colombia, Cuba y República Dominicana introdujeron nuevas técnicas, elevaron los estándares de calidad y profesionalizaron un oficio que hoy se encuentra en plena expansión. Además de aportar conocimiento, muchas de ellas crearon academias, capacitaron a nuevas trabajadoras y contribuyeron a dinamizar un sector que hoy ofrece servicios más especializados y competitivos. Entre diferentes orígenes hay especializaciones y con técnicas que eran desconocidas en Uruguay.

El futuro del rubro también muestra una evolución interesante. La tendencia ya no se limita al diseño estético, sino que incorpora el cuidado de la salud de las uñas, el uso de productos menos agresivos con el ambiente y protocolos de bioseguridad cada vez más exigentes. La innovación tecnológica, la digitalización de los servicios y la formación permanente serán factores clave para continuar creciendo.

Quizás la principal enseñanza sea otra. Durante años se pensó el desarrollo económico exclusivamente desde los grandes sectores industriales o tecnológicos. Sin embargo, actividades vinculadas al bienestar, el cuidado personal y los servicios demuestran que también pueden convertirse en motores de empleo, especialmente para mujeres, jóvenes y personas migrantes.

En tiempos donde el desafío es crear trabajo de calidad y fortalecer el entramado de pequeñas empresas y emprendimientos, conviene mirar estos sectores con otros ojos. Porque, muchas veces, lo estético también forma parte de la solución económica y social.

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