En eso nuestro país se adelantó, al definir que los niños tenían un rol importante en la transmisión, «y eso viene de muchos años trabajando en vacunas para los niños», afirmó.
Soberana, remarcó, es una vacuna que se pensó para los infantes, ya que en enfermedades como las infecciones por neumococo o el haemophilus, detectamos que ellos tienen una incidencia en la transmisión, dado el alto nivel de contacto con personas mayores, y con sus propios hermanos.
Toledo resaltó, además, que se han hecho estudios clínicos en niños convalecientes, y que hoy los niveles de títulos de anticuerpos que se alcanzan en niños convalecientes que fueron asintomáticos, son muy similares a los que resultaron sintomáticos, y también a los que no se enfermaron y recibieron su esquema de tres dosis.
En términos de pediatría, eso hace que hoy tengamos un nivel poblacional de niños con títulos protectores, y si a ello sumamos que la vacunación infantil no solo tuvo valor en términos de inmunidad, sino también en lo social, porque los niños regresaron a las escuelas, entonces el impacto es mayor, comentó.
Para saber cómo estamos, resaltó, tenemos que compararnos con otros países. Se nota, por ejemplo, el alza de casos en Estados Unidos, en Italia y en otras naciones; sin embargo, en Cuba, a pesar de la variante Ómicron, aun con un aumento de los casos, los niveles están muy por debajo de lo que reportan otras naciones.