Un rescate millonario
El episodio ocurrió el miércoles entre las 19:12 y las 22 horas, la franja más crítica del sistema. Argentina importó unos 830 MW desde Uruguay, que se sumaron a otra transferencia desde Brasil. Para dimensionar el volumen: esa cifra representa cerca de la mitad de la demanda eléctrica de Uruguay en ese mismo momento. Es decir, el vecino país destinó una porción significativa de su propio consumo para sostener a Argentina. Y, lógicamente, lo cobró a precio de "mercado de urgencia".
Lo más irritante para los críticos es que, en rigor, la Argentina no debería haber necesitado esa importación. El país tiene una capacidad instalada para generar hasta 30.000 MW, y la demanda máxima de ese día apenas superó los 20.000 MW. No faltaron centrales sino previsión.
"No fue una falla estructural. Fue una secuencia de decisiones que derivó en una importación evitable", señala el artículo de LPO. La mirada local apunta directamente a la gestión del gobierno de Javier Milei: acusan al oficialismo de una mala coordinación del despacho eléctrico y de no haber anticipado el pico de consumo pese a que los pronósticos del calor extremo estaban anunciados.
Una "lógica invertida"
El economista y experto en energía, Julián Rojo, explicó en sus redes sociales: "Argentina exporta gas barato y reimporta energía eléctrica cara producida con ese mismo recurso. En los hechos, subsidia el insumo y paga el valor agregado. Es una lógica invertida que no se entiende".
Mientras tanto, del lado uruguayo, el asunto se ve con otros ojos. El país ha hecho una fuerte apuesta por las energías renovables (eólica y solar) que en los últimos años lo volvieron un exportador neto de electricidad en momentos de alta disponibilidad hídrica y vientos favorables. Pero en esta ocasión, el negocio vino por el lado de la térmica.